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SIN CONCESIONES

Una luz en la tragedia

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión31-08-2008

No me quito de la cabeza el instante en el que el comandante pidió que bajáramos del avión por culpa de una avería. El pasaje se puso en pié y de inmediato se formó una larga cola para obedecer el consejo. Minutos después, el piloto tomó de nuevo la palabra. A través de la megafonía indicó que el problema parecía resuelto y que todo estaba dispuesto para despegar. Aquel vuelo partió el pasado 28 de julio de La Habana con destino a Madrid pero bien podría haber sido el que el 20 de agosto se estrelló en el aeropuerto de Barajas. Mientras despegábamos, mi mujer y yo cruzamos una mirada de incertidumbre conscientes de que el más mínimo problema mecánico podía ser fatal durante las nueve horas de viaje sobre el océano Atlántico que teníamos por delante. Pasado ese tiempo, llegamos a casa sin el más mínimo problema. El sustó de La Habana quedaba en una simple anécdota. Los pasajeros del vuelo JK 5022 de Spanair no tuvieron la misma fortuna. Su trayecto era más breve y, por lo tanto, aparentemente más seguro. La compañía también ofrecía más confianza que Cubana de Aviación. Pero su nave apenas se mantuvo unos segundos en el aire. Tras recorrer los dos kilómetros de la pista de despegue, se estrelló contra el suelo y se convirtió en una bola de fuego. Algunos murieron en el acto por el golpe. Muchos, calcinados por el fuego. Pero otros, en el último aliento, tuvieron tiempo para la heroicidad. Así ocurrió con una mujer que, al verse atendida por un bombero, pidió que antes salvara a su hijo. Él obedeció la última voluntad de aquella madre, que poco después moría. Aquel hombre era Francisco Martínez, quien en medio de las llamas tuvo tiempo para salvar la vida de dos pequeños más. Beatriz Reyez, una de las supervivientes, también obró su particular milagro al sacar de los escombros a dos niños pese a tener una pierna rota por la colisión. Francisco, Beatriz y otros muchos héroes anónimos son la luz de aquella jornada negra. Son la esperanza en medio de la tragedia. Son un ejemplo de vida y de bondad entre tanta desgracia, violencia y maldad. Pese al drama de Barajas o la guerra entre Rusia y Georgia, el mes de agosto deja otro mensaje de esperanza. Llegó desde Iraq y su protagonista también es menor de edad. Una niña de 13 años ha asestado a Al Qaeda el golpe más duro que puede recibir la red de Osama bin Laden. Los terroristas ataron un cinturón explosivo a la cintura de la pequeña y la obligaron a inmolarse en pleno centro de Bagdad. Delante de su objetivo, ella se negó a morir matando y prefirió vivir salvando otras vidas. La niña, a quien Alá llenó de valor para rebelarse contra el destino que habían escrito para ella los terroristas, se ha convertido en una luz de vida. Con apenas 13 años, ha dilapidado los principios de los terroristas y los que interpretan en clave funesta El Corán. El ejemplo de esta niña, cuyo nombre desconocemos, debería iluminar un país que trata de reconstruirse a sí mismo pero también debería abrir los ojos a quienes hace tiempo apartaron su mirada de este rincón del mundo. Milagros así ocurren a diario en todo el planeta, en Barajas o en Bagdad. En Iraq o en España. Sólo hacen falta personas valientes para que lo extraordinario se haga realidad.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito