¿TÚ TAMBIÉN?
En las Antípodas

Por Álvaro Abellán
3 min
Opinión20-07-2008
Sydney: Jornada Mundial de la Juventud 2008. Es la edición número 21. La próxima, Madrid 2011. Acapara poco en los medios de comunicación, pero reúne a más jóvenes del mundo que el resto de manifestaciones culturales que saturan los telediarios. Supongo que si no te desnudas o emborrachas, no sales en la tele. Pero no salir en la tele tiene algunas ventajas. Una de ellas, que te puedes permitir hablar en serio, con profundidad y sin miedo a ser malinterpretado. Benedicto XVI ha venido a decirles a los jóvenes tres cosillas. La primera, que escuchen el grito del mundo y estudien su causa. La segunda, qué pueden hacer para responder, con sus vidas, a la tarea de edificar un mundo mejor. La tercera, que se pongan a ello, porque no están solos y es posible hacerlo. La escucha, que sólo puede ser fruto del silencio interior, nos ayuda a descubrir “a través de las disonancias y las divisiones del mundo, la voz acorde de la humanidad”. Una voz que anhela “reconocimiento, pertenencia, unidad”. Si las divisiones y disonancias son fruto de una visión relativista y fragmentada del hombre, donde uno sólo mira a su propio ombligo y se confunde respeto con indiferencia, ese grito común brota del corazón de todos los hombres y exige una respuesta verdadera, comunitaria y comprometida. Ahora bien: ¿“Quién puede satisfacer ese deseo humano” que clama por la unidad perdida? Benedicto XVI dice que nosotros, en la medida en que seamos amigos del Espíritu Santo, el “gran desconocido”. Nos lo presenta vía San Agustín: el Espíritu Santo es lo que de común hay entre el Padre y el Hijo. Es decir, es la unidad espiritual. El Espíritu Santo es también la permanencia en el amor: quien permanece en el Espíritu, permanece en el amor y Dios en él. En tercer lugar, el Espíritu Santo es donación, difusión, expansión del amor. Así que seguir los pasos del Espíritu nos conduce “al corazón mismo de Dios” y nos proporciona la unidad en el amor, la permanencia en el amor y la extensión de ese amor por toda la tierra. Finalmente, Benedicto XVI insta a cada joven, “en el silencio y la espera”, a creer “en todo lo que Dios te susurra en el corazón”, pues de ese modo podremos responder al anhelo de “reconocimiento, pertenencia y unidad” en nuestras “familias”, “comunidades” y “naciones”. Y reza por los jóvenes deseándoles: “Que la sabiduría, la inteligencia, la fortaleza, la ciencia y la piedad sean los testigos de vuestra grandeza”. La verdad es que esta semana he escuchado también a Obama, a Zapatero, a Rajoy, a Bush, a Ibarretxe y hasta a Jiménez Losantos. Pero ninguno dice nada que le pueda interesar a ningún joven. Es más, ayudan con sus palabras a las disonancias y divisiones del mundo. Así que me quedo con la divina locura de un hombre de 81 años que está, literal y metafóricamente, en las Antípodas. Un hombre que ha recorrido media circunferencia del planeta para charlar con unos jóvenes y decirles que en sus manos está construir un mundo de amor. Sin duda, ha sido en Sydney donde esta semana un millón de personas dan testimonio de que es posible habitar un lugar donde la vida se ensancha.






