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ANÁLISIS DE DEPORTES

Despejando incertidumbres

Fotografía

Por Roberto J. MadrigalTiempo de lectura2 min
Deportes20-07-2008

El ciclismo, quién lo iba a decir, empieza a pasar página, una vez que los principales actores -la Unión Ciclista Internacional (UCI) y las grandes vueltas, básicamente- se han dado cuenta de que la guerra librada entre ellos, a cuenta de la lucha contra el dopaje, no estaba sino perjudicándolos a ambos. En relación con la década precedente -desde que se desató el escándalo del caso Festina, en 1998-, sorprende la celeridad y el poco revuelo que ha saltado con el positivo por eritropoyetina (EPO) de los españoles Manuel Triki Beltrán y Moisés Dueñas, todavía pendiente del contraanálisis, y pese al numerito montado por la Policía, que sigue tratando -especialmente en Francia- a los deportistas como delincuentes. Sin embargo, desde el comienzo del Tour se ha visto una preocupación por no hablar en voz alta del dopaje, que es de agradecer. Aunque no se haya llegado hasta aquí por la convicción de respetar la presunción de inocencia de los deportistas, el paso dado es muy destacable. El otro punto que está saliendo a colación durante la Grande Boucle es la defunción del proyecto del UCI ProTour, que nació en 2004, impulsado por el anterior presidente de la UCI, el holandés Hein Verbruggen. Aprovechando la jornada de descanso del Tour, los equipos participantes -sólo falta el excluido Astana de Alberto Contador- han renunciado a sus licencias ProTour y se han puesto en manos del grupo liderado por los organizadores de las grandes vueltas -principalmente Amaury Sport Organisation (ASO), la empresa gestora del Tour y desde hace algunos meses socio mayoritario de Unipublic, responsable de la Vuelta a España- para la gestión del calendario internacional. Ahora la UCI es el actor secundario, invitado a participar de la tarta y darle su sello de oficialidad. Que en realidad, tras las experiencias en otras competiciones como la Liga de Campeones y la Euroliga de baloncesto, es el papel que corresponde a las federaciones. Sin embargo, pese a sus numerosos defectos, como la marginación de aquellas pruebas que no formaban parte del plan de la UCI -por falta quizá de una segunda división, restringida a las pruebas continentales, sin posibilidad de que pudieran mejorar en función de su crecimiento deportivo-, o por haberse cargado la Copa del Mundo, el ProTour es cierto que había conseguido un calendario organizado, que facilitaba el seguimiento por parte de los aficionados y de los medios de comunicación. Por más que sea una empresa con experiencia y capacidad demostradas, el reto que se le pone por delante a ASO le obliga a hilar muy fino para conseguir que el ciclismo, de una vez, se modernice y pueda aglutinar -en la medida de lo posible- todos los intereses que hay alrededor. El camino que habría por delante, en todo caso, es larguísimo, pero es cuestión de poner las bases para empezar el trabajo.

Fotografía de Roberto J. Madrigal