PUNTOS DE DEBATE
Libertad ¬made in USA¬

Por Elías Said
3 min
Opinión29-06-2008
Si algo caracteriza a Estados Unidos, es su autoproclamada condición de “país de las libertades”. Su obsesión por mantener su reputación ha llevado al Tribunal Supremo de aquel país a votar en contra de la vigente ley de 1976 que prohíbe la compra y posesión de armas en el estado de Washington. Con esta decisión, se respalda la facultad individual de posesión de armas, de acuerdo con lo estipulado en la Segunda Enmienda de la Constitución norteamericana, redactada en pleno proceso independentista. Esto sienta un precedente que invita a la reflexión para todos aquellos que creemos en la defensa de las libertades y en el Estado de Derecho. Más cuando se puede incurrir en una deformación de estos, en defensa de las tradiciones, las génesis culturales de los pueblos, entre otros aspectos invocados en estos casos, en función del país analizado. Todo ello, sin importar el grado de evolución de las sociedades, los valores inherentes en ellas o si lo que está en juego es la vida de las personas, con un creciente número de víctimas por armas de fuego, las cuales son compradas libremente como si fuesen juguetes que pueden ser empleados por niños o adultos sin ningún control. Lo acontecido en Estados Unidos deja abierto el debate en torno a la defensa o no de la libre posesión de armas de fuego. Este tema va más allá de ideología, se trata de definir una línea de actuación, tanto para ciudadanos como para instituciones, de lo que se entiende como libertades individuales y colectivas; así como de los mecanismos normativos existentes en nuestras sociedades. Partiendo de la comprensión de estas dimensiones (libertad, derecho y control) se trata de que la cultura y la tradición no sean aspectos petrificados, llamados a mantenerse per se, sino que evolucionen en una línea paralela con los Derechos Humanos, que defienden los diferentes contextos de nuestro ser (libertad de expresión, a informarnos, a no ser maltratados, entre otras). Lo antes expuesto, sin dejar de lado el sentido común y el impacto que nuestras acciones traerán consigo a nuestro entorno, sin que esto implique la instauración de un estado de control castrante para individuos o colectivos. Lo decidido por el Tribunal Supremo en Estados Unidos no solo deja claro el carácter contradictorio de nuestras sociedades, también nuestra condición inmoral al contradecir tradiciones milenarias que nos atrevemos a llamar “fuera de la lógica de las sociedades contemporáneas” como el uso del velo musulmán u otras. Ello sin mirarnos críticamente al interior, en aras de identificar también nuestras costumbres culturales reprochables, sino que identificamos nuevas cruzadas (lucha contra el tabaco, control de la información transmitida por los ciudadanos, por ejemplo) en defensa de la salud y la lucha contra el terrorismo, por ejemplo. Tal vez debemos ser un poco menos hipócritas al señalar a otros, ya que muchos de nosotros y nuestras sociedades no somos capaces de comprender nuestras propias contradicciones. Quizás seamos muy contemporáneos, pero debemos aprender la autocrítica, antes de ser tan cínicos con el resto. No propongo que nos convirtamos en puritanos, moralistas o liberales extremos, sino que llevemos a la práctica el sentido común para que lleguemos a un punto en el que los derechos, libertades y normas sean equitativos. De tal forma que no nos veamos como defensores a ultranza de estos tres conceptos, mientras poseemos un arma en casa, comprada sin ningún control.






