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ANÁLISIS DE ESPAÑA

Los versos sueltos son necesarios

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura2 min
España29-06-2008

Es necesario que estén ahí. Que no desaparezcan ni se olviden de ellos. Es necesario que Aznar rumie en voz alta su destierro del partido que él mismo levantó. Que se le oiga rugir desde alguna conferencia de FAES o alguna universidad de EE.UU. Que reivindique incluso que fue él quien inventó el llamado “viaje al centro” o que vuelva a sus aznaradas y a no pedir perdón por nada ni a nadie. Que lo hagan otros. En muchas ocasiones Felipe González ha definido con resignación de jubilado a los ex presidentes como “jarrones chinos: feos, grandes y que nadie sabe dónde ponerlos”. Pero Rajoy podía haber encontrado un lugar útil para Aznar. Justo ese: que se le oiga y no desaparezca. Y que mientras el presidente de honor del PP cumpla con sus funciones de jarrón incómodo, el propio Rajoy recuerde a todos los españoles que Aznar rima “con no estar”. Son necesarios los arrebatos de poder de Esperanza Aguirre, creadora de la categoría “verso suelto del PP”. Prontos como el último que llevó a cabo al filo de la madrugada cesando a todos los consejeros que habían osado manifestar públicamente su apoyo a Rajoy. Roma no paga traidores y hasta cinco miembros de su Gobierno fueron fulminados con alevosía y nocturnidad mientras de fondo sonaba música de ópera. Como en aquella mítica escena del bautizo en la segunda parte del El Padrino en la que Coppola narra la ejecución de los capos de todas las familias rivales de los Corleone. Pero todo sin perder esa sonrisa con la que la presidenta de Madrid quiere iluminar algún día a todos los españoles desde la Moncloa. Que no esconda nunca esas intenciones legítimas pero desleales con su líder del partido. Rajoy la necesita también ahí. Además de estos dos ejemplos, hay muchos otros que están dispuestos seguir dando batalla desde dentro pese a su pérdida de peso en la formación. O precisamente por eso. Aunque parezca que atenta contra su liderzazo, el presidente del PP necesita fieles y críticos dentro de su propio partido. No en los órganos de dirección, pero si en posiciones desde las que se les pueda oír fácilmente. Al menos una vez por semana sería ideal. Zapatero alternaba en sus filas a gente como Maragall, Bono o Rosa Díez con los que desplegó –y ahora lo hace con otros- un juego de ambigüedad que le dio muy buenos resultados. Que le permitía decir una cosa en el País Vasco, otra en Cataluña y otra en Andalucía y recibir los mismos aplausos, los mismos besos, los mismos votos. Pero lo de Rajoy es una cosa mucho más sencilla. Rajoy necesita esos “versos sueltos” simplemente para que todo el mundo recuerde lo que era el PP antes y lo que podría volver a ser en caso de que él y los suyos desapareciesen algún día.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio