Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

ANÁLISIS DE ESPAÑA

Nadie se atreve a ser Obama en el PP

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura3 min
España08-06-2008

Lo acabamos de ver en Estados Unidos. Republicanos y demócratas, pero sobre todo estos últimos, se han batido en una larga e intensa campaña a través de dos candidatos para representar a la formación en la carrera hacia la Casa Blanca. Al final uno de los dos ha ganado y la otra lo ha reconocido. Ha sido más tarde de lo que al partido le hubiese interesado, pero al final no le ha quedado otra que admitir su fracaso, poner al mal tiempo bueno cara y pedir el apoyo para su antes rival y ahora única opción para ganar a los republicanos. En el PP también viven una intensa batalla para ver quien lidera el partido para enfrentarse a los socialistas. La diferencia es que aquí no hay dos candidaturas oficiales. Por un lado sólo está Rajoy, quien cuenta con el apoyo del aparato de la formación. Ya tiene 2000 de los más de 3000 avales en liza. Pero enfrente tiene otro bando que, en lugar de actuar como tal, conspira, especula, amaga, amenaza, pero ninguno llega a decir aquí estoy yo y me presento como alternativa. Yo me la juego y desafío al aparato del partido e intento derrotarle igual que hizo Obama en EE.UU. En el PP los críticos a Rajoy no se atreven. Alegan como excusa que los mecanismos del partido para hacerlo no son igualitarios. Hablan de la dificultad para recavar los 650 avales necesarios para crear una candidatura. No obstante, aunque esos obstáculos están ahí, no nos engañemos. No es fácil luchar contra el aparato del partido -nunca lo ha sido- y la principal razón de tanto tirar la piedra y esconder la mano es el miedo a quemarse tras una más que posible derrota en el Congreso de dentro de dos semanas. En caso de que alguien se presentase con su nombre y con sus apellidos y, como todo parece indicar perdiese, supondría un suicidio político para siempre. Por eso nadie está dispuesto a poner la cara o apoyar sin tapujos una posible candidatura alternativa con todas las perder. La pregunta entonces no es tanto qué pasará en el cónclave popular sino que sucederá después. En el momento en el que Rajoy sea reelegido presidente, todos aquellos que le han cuestionado durante estos meses aceptarán presumiblemente su derrota, aunque lo harán con la boca pequeña y recordando siempre que su reelección no fue todo lo legítima que ellos hubiesen deseado. Pondrán la misma cara de sonrisa forzada que el día en el que Rajoy dijo que no dimitía pese a su segunda derrota consecutiva ante Zapatero. O quizá ni eso. Lo que es seguro es que el cierre de filas no durará mucho. Nada más terminar el Congreso aparecerán por el horizonte los retos en los que Rajoy se jugará gran parte del poco crédito que le queda. Se trata de las elecciones Europeas, donde sólo un voto de castigo al Gobierno por la situación económica podría salvarle, los comicios en el País Vasco, donde el PSE confirmará su ascensión, y las elecciones gallegas, donde no se prevé que Núñez Feijoo sea capaz de derrotar al bloque formado por nacionalistas y socialistas. Y mientras todo eso sucede el escenario en el PP será como hasta ahora, una oposición constante dentro de la propia oposición con un objetivo claro: forzar el desgaste definitivo y que Rajoy acabe tirando la toalla, o que sea derrotado en el siguiente Congreso para, sobre todo, evitar que sea el candidato del partido en 2012. El Gobierno y el PSOE ya se frotan las manos ante una legislatura tranquila con un Rajoy haciendo oposición con un constante halo de provisionalidad que sus propios compañeros de partido le impedirán quitarse de encima.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio