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ANÁLISIS DE DEPORTES

Lo de Sáez, una cacicada

Fotografía

Por Roberto J. MadrigalTiempo de lectura3 min
Deportes08-06-2008

La destitución de Pepu Hernández, el seleccionador que ha logrado los mejores resultados de la historia en el baloncesto español –quitando la plata de Los Ángeles 1984, claro está–, es una decisión personal de José Luis Sáez, el presidente de la Federación Española (FEB), que no ha querido verse perdedor en su pulso con el ex técnico estudiantil. La relación entre ambos se deterioró tras la derrota en la final del Europeo de Madrid, en septiembre de 2007. Pepu, de acuerdo con Ufirst –la empresa que lleva parte de sus negocios–, quisieron aprovechar el tirón y promover conferencias, patrocinadas por una caja gallega. Sin embargo, la FEB –con su propio plan de negocio– firmó un contrato de patrocinio con otra entidad bancaria, y ahí empezó el lío. Pepu creyó que no hacía daño a nadie redondeando su salario, pero no: Sáez se mosqueó y ha terminado imponiendo su criterio. La historia es larga, como bien detalla el veterano Ramón Trecet. En resumidas cuentas, la FEB llevaba tiempo intentando derribar al seleccionador, que avisó en plena Final Four de la Euroliga –con la debida antelación– de que no renovaría su contrato más allá de los Juegos Olímpicos. La FEB, que por medio de sus directores deportivo y de comunicación había tratado de avisar a Pepu, pasó a la ofensiva: primero filtrando –falsamente, aunque ya dio pie al análisis y la sospecha– el interés de varios equipos por ficharlo, y luego buscando las excusas de que no acudió a una reunión pactada –el seleccionador avisó de que tenía una conferencia, pero propuso alternativas– y de que el informe que se le pidió era demasiado escueto, lo que suponía una dejación de funciones. El resto es público: reunión de compromiso para anunciar el despido y ruedas de prensa para que cada uno aclare su postura. Lo que queda es que la organización de la FEB –cuyo marketing se aleja, deliberadamente, de los clubes ACB– quiere tener todos los cabos controlados. De ahí, en parte, la rotación de seleccionadores, que no duran más allá de un par de años –véase Javier Imbroda, Moncho López, Mario Pesquera y el propio Pepu, que han pasado por el cargo desde 2001–. Sin embargo, cuando Sáez había logrado el reconocimiento social, el famoso “ba-lon-ces-to” con que Hernández celebró el oro de Japón, se ha empecinado en una batalla personal que puede dejar claro quién manda, pero que lo deja en mal lugar como gestor con mano izquierda. Lo cual sirve para avivar el debate sobre el papel de las federaciones y el conflicto de intereses con las ligas profesionales, no sólo en el baloncesto. P.S. La información sobre el accidente que Marc Gené sufrió en el circuito de Le Mans –en una curva, a 260 kilómetros por hora, su bólido voló y se estrelló contra un muro–, llamar “espectacular” a que el coche quedase destrozado, y a que el piloto tuviese mucha suerte de poder salir casi ileso, magullado pero sin lesiones graves, es de una ligereza e irresponsabilidad absolutas. ¿O es que la desgracia se ha vuelto un espectáculo? En realidad, el defecto viene por la pobreza léxica: hay cientos de adjetivos –grave, espeluznante, terrible, fortísimo…– que, bien por pereza o por otros motivos, los periodistas dejan (dejamos) de emplear. Aun así, lo peor es que ese maltrato y empobrecimiento del lenguaje no nos dé lástima, sino que asumamos las patadas al diccionario, e incluso que las incorporemos al lenguaje corriente. ¿Cómo educan la Universidad y los propios medios a sus profesionales?

Fotografía de Roberto J. Madrigal