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ANÁLISIS DE DEPORTES

Todos con Contador, nadie con Astarloa

Fotografía

Por Roberto J. MadrigalTiempo de lectura3 min
Deportes01-06-2008

Lo que ha conseguido Alberto Contador es impresionante. No sólo porque se ha puesto a la altura de Miguel Indurain, o porque el campeón de Pinto se reivindica ante los directores del Tour de Francia, frenéticos en su cruzada antidopaje. La victoria en el Giro, una carrera que no había preparado y en la que se ha tenido que enfrentar a una durísima oposición –en la carretera y en los medios– por parte de la flor y nata del ciclismo italiano. En particular de Ricardo Riccò, tan bocazas como valiente, al que honró su arrepentimiento para reconocer la justicia del triunfo de Contador, un superviviente de las purgas, primero en el Liberty Seguros de Manolo Saiz y luego con la pesada herencia de las refundaciones, una tras otra, del equipo Astana. Contador es el último exponente de una generación maravillosa en un ciclismo español que, pese al azote de los conflictos deportivos, sigue pariendo campeones. Óscar Freire, Alejandro Valverde… tipos que, además de sus éxitos, mantienen viva la esperanza de encontrar a jóvenes dispuestos al sacrificio de una vida espartada, poco reconocida. Como le sucede a otro campeón del mundo, Igor Astarloa: el de Ermua salió del Giro de tapadillo, para no revelar que un resultado anómalo en un control antidopaje –sin especificar cómo, ni qué, ni las causas– ha servido para despedirlo por la simple sospecha. Para condenarlo a pelear en los tribunales y al olvido en lo deportivo. También le toca sufrir al balonmano, en una situación de crisis (cambio) a la que no se adivina una salida cierta. El seleccionador, Juan Carlos Pastor, confía en sus hombres, pero España arroja muchas dudas con vistas a los Juegos Olímpicos. El equipo mantiene el carácter, pero hay distintos problemas –lesiones, principalmente, que inciden tanto en ausencias como en jugadores lejos de su mejor forma– que se antojan difíciles de resolver. Quizá no sea, después de todo, más que una mala consecuencia del hecho de que el propio Pastor, que llegó como parche, haya acusado –pese a su capacidad– la dificultad de compaginar el trabajo en la selección con su propio club. Al menos, el rally Acrópolis ha dejado un punto para el optimismo. A pesar de que la FIA no se ha cansado de maltratar el Mundial –reduciendo el calendario y haciendo que las pruebas se disputen cada dos años, con unos neumáticos únicos que no suscitan más que quejas en los pilotos, haciendo perder el interés para las marcas–, el esfuerzo de Subaru por invertir en el desarrollo de un nuevo coche –con un buen piloto, el estonio Markko Märtin, como probador– y volver a ser una alternativa al duopolio de Citroën y Ford merece ser elogiado. Falta, con todo, más competitividad: que los buenos resultados de equipos satélites, como el Ford Stobart, sean producto de la herencia de coches que han pasado por las manos de los favoritos al título es un motivo de alerta, porque –entre otras cosas– desincentiva el esfuerzo de equipos como Suzuki, que tratan de empezar un proyecto a medio plazo con los World Rally Car y ven que no compensa.

Fotografía de Roberto J. Madrigal