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ANÁLISIS DE ESPAÑA

La verdadera cara del PNV

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura3 min
España01-06-2008

En una ocasión, alguien dijo que el PNV sólo tiene éxito en el País Vasco porque es el único lugar en el que son capaces de entenderlo igual que el béisbol sólo tiene éxito en EE.UU. por lo mismo. Quizá sea así de simple la razón por la que a alguien que no haya tenido la suerte de nacer o vivir en esa región de España se le haga tan difícil comprender ciertas políticas del nacionalismo vasco. El PNV lleva gobernado en esa comunidad la friolera de 28 años y siempre lo ha hecho con ese eterno debate entre los moderados y los duros, los posibilistas y los soberanistas. Un debate tan viejo como rentable en el que ellos se sienten tan cómodos. A efectos prácticos, esa aparente división constante se traduce en una equidistancia repugnante hacia los crímenes de ETA con la que no comparten métodos pero si objetivos. Esa ambigüedad engañosa se materializa cada vez que el lehendakari organiza un hipócrita homenaje a las víctimas del terrorismo al tiempo que permite que, en sus presupuestos anuales, los familiares de los asesinos reciban más dinero para visitar a sus allegados en las cárceles que los familiares de los asesinados, quienes ya no tienen a nadie a quien visitar. Esa equidistancia permite que en sus filas siempre haya dirigentes como Imaz o Urkullu que puedan ser comparados positivamente con otros como Arzalluz, Egibar o Ibarretxe, a los que les toca jugar el papel de malos. Así, mientras los primeros, los buenos, se encargan de ablandar la conciencia de la opinión pública fuera del País Vasco y negociar con los responsables de La Moncloa en clave posibilista, los segundos aprovechan ese allanamiento del camino para mostrar la verdadera cara del nacionalismo excluyente. Al final, tanto unos como otros participan a su manera del único objetivo que persigue el PNV: la independencia. Meta para la que vale cualquier mentira, cualquier atajo o cualquier renuncia moral. Así, tras el fracaso del Plan Ibarretxe y después de comprometerse a no volver a intentar nada parecido hasta el fin de la violencia etarra, el PNV ha vuelto a la carga. Por medio de su lehendakari anuncian un referéndum secesionista –eufemismos aparte- en busca de que el pueblo vasco decida sobre la separación definitiva del resto de España. Pero la situación en este caso empieza a ser distinta. Ya ni los propios vascos parecen entender cuáles son las intenciones de su Gobierno y se muestran cansados de las iluminaciones de su presidente. Además de que la mayoría de la sociedad del País Vasco no está ni mucho menos de acuerdo con la independencia, las primeras encuestas arrojan una perdida de confianza en el PNV que, a juzgar por el resultado de las últimas elecciones, beneficiarían al PSE de Patxi López. Precisamente, el resultado de los comicios del 9-M –en los que, por primera vez, los nacionalistas no fueron la fuerza más votada- supuso un castigo a las políticas soberanistas de Ibarretxe que éste parece haber olvidado rápido. Pero lo grave no es que los vascos se cansen de un partido anclado en el pasado, algo lógico por otra parte. Lo grave es que, con su plan de referéndum, el PNV vuelve de nuevo a acudir al auxilio de ETA. Primero porque esto supone dejar en manos del PCTV/ETA la decisión de aprobar la reforma en el Parlamento de Vitoria. Segundo porque el hecho de no haber esperado al menos al fin de la violencia es lanzar un mensaje a los terroristas de que la paz no es prioritaria. Y en tercer lugar, porque lo que busca Ibarretrxe o el PNV con su propuesta es exactamente lo mismo por lo que ETA lleva matando 40 años.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio