SIN CONCESIONES
La mentira de la crisis

Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión01-06-2008
No hace ni seis meses que Zapatero, entonces candidato a la Presidencia del Gobierno, aseguró que la crisis económica no era tal y llamó antipatriotas a quienes alertaban de un futuro repleto de incertidumbre. Negó la caída de la economía con la misma rapidez que San Pedro negó a Jesucristo la noche que le apresaron. La diferencia es que el apostol se arrepintió en aquel mismo instante de su falta, mientras que Zapatero persiste todavía en el error una y otra vez. Para él no existe crisis económica pese a que el petróleo ha triplicado su precio en un par de años, pese a que las hipotecas han subido 300 euros por mes, pese a que más de 200.000 personas han perdido su puesto de trabajo en los últimos meses y pese a que hacen falta unos 150 euros para llenar el carro de la compra. Una ruína para cualquier familia, menos la de Zapatero, que vive cómodamente en La Moncloa con todos los gastos pagados con los impuestos de los españoles. Zapatero se niega a hablar de crisis porque tendría que admitir que su política económica ha fracasado. Por eso, camufla la adversidad con palabras como "escenario de dificultad", "desaceleración profunda" y "periodo de ajuste fuerte". Nada de crisis. El Gobierno edulcora la crisis de la misma manera que llamó "proceso de diálogo" a la negociación con la banda terrorista ETA. Se niega a asumir la realidad para así no tener que reconocer su parte de responsabilidad en el problema. No es culpa de Zapatero que el barril de petróleo cueste 130 dólares pero sí lo es que la construcción se haya reducido a la mitad y que apenas se vendan viviendas de segunda mano. Cuando llegó a La Moncloa en 2004 prometió acabar con los problemas del sector pero lo que ha conseguido es llevar casi a la ruida a los promotores y con ello a los miles de empleados que contrataban. El Ministerio de la Vivienda no ha servido para nada. Los precios de las casas están todavía más altos. A partir de ahora puede que bajen, pero no por el aumento de la demanda, sino por la quiebra del sector inmobiliario. Zapatero dijo que no había crisis y lo sigue negando asustado por las consecuencias electorales que tendría admitir un negro panorama financiero. La verdad es que no es necesario que el presidente del Gobierno reconozca un error para que la ciudadanía se dé cuenta. Los españoles, por ejemplo, echaron a Aznar de La Moncloa por la guerra de Iraq sin que él haya asumido todavía aquella metedura de pata. Cuanto más tarde un gobernante en admitir la realidad, mayor es el castigo que le infligen sus votantes. Zapatero mintió en la negociación con ETA, mintió en los motivos para reformar los estatutos de autonomía y mintió al negar la crisis económica. Ahora, la inflación y el desempleo le caen encima como un yunque. Son la verdad ante la que él se tapa los ojos. Son la prueba inexorable de que ocultó la cruda realidad y engañó a los españoles para seguir cuatro años más en el poder. Lo peor de todo es que consiguió su objetivo de ganar las elecciones y eso, como la crisis, ya no tiene remedio.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






