Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

ANÁLISIS DE SOCIEDAD

De puertas adentro

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad04-05-2008

No cabe en ninguna cabeza. Lo del monstruo austriaco es inexplicable ante una mínima moral, ante unos ténues valores humanos por minúsculos que sean. Pero más que ahondar en el morbo e indagar en las condiciones en que sobrevivieron esas criaturas en aquel tétrico sótano, habría que reflexionar sobre cómo ese hombre pudo llegar a hacer lo que hizo. Más que nada para que no se repita, ni en Austria, ni en España, ni en Tailandia, ni en el corazón de África. El hombre es individual pero no debe ser un ser aislado, es un ser que se relaciona, que se educa y vive en sociedad, por lo que, en cierto modo -y sin ánimo de exculparle un ápice-, el monstruo no es el único culpable de sus actos, aunque sí el principal. En todos y cada uno de nosotros, aunque no sean de tantísima gravedad, hay sótanos oscuros, zulos que, en muchos casos, podrían salir a la luz si alguien pusiera un mínimo interés en ayudarnos a mejorar como personas. Cada vez somos más urbanitas, más individualistas, más autistas y más antisociales. Nos camuflamos en la masa, nos escondemos tras la máscara de la moda y de la rutina, para hacernos más iguales al resto y no desentonar. También hay veces en las que somos dos, tres y hasta cuatro personas distintas. Ocurre cuando queremos ser aceptados en los múltiples ámbitos. ¿Saben nuestros familiares directos cómo actuamos cuando estamos en nuestro trabajo? ¿Conocemos lo que hacen nuestros hijos adolescentes cuando están con sus amigos el fin de semana? ¿Nuestra pareja actúa con sus amigos como cuando está en casa? Evidentemente, de puertas adentro las cosas son muy distintas, en cada ámbito, en cada situación y según qué circunstancias. Y, por comodidad e inercia, ahí seguimos, en nuestros particulares sótanos, donde no dejamos entrar a nadie, porque si saliesen a la luz tantas farsas nos aterraríamos del verdadero monstruo: la mentira que podemos llegar a ser. Ójala un vecino, un compañero de trabajo o un familiar se interese pronto por nosotros, nos socialice y nos haga ver pronto la luz.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo