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SIN CONCESIONES

El Hitler del siglo XXI

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura2 min
Opinión04-05-2008

Su nombre es Josef Fritzl. Aunque se ha hecho mundialmente conocido como "el monstruo de Austria". Todo el mundo sabe ya las atrocidades cometidas por este ser inhumano para el que las leyes y los tribunales no encontrarán castigo justo con el suplicio al que ha sometido a su propia hija durante 24 años. No hay palabras para describir el zulo donde tenía secuestrada a su hija Elizabeth, para narrar cómo la violaba a diario, para explicar los siete hijos que nacieron de ese incesto, para detallar cómo mató e incineró a uno de ellos en el horno. No hay palabras para enumerar el dolor que han pasado estas criaturas como no hay pena acorde a la magnitud de los delitos cometidos por este hombre truculento hasta límites insospechados para su propia familia, que al cabo de un cuarto de siglo ha descubierto el infierno que Josef Fritzl había construido con sus propias manos en el sótano de su casa. Sería un ejercicio inútil e imposible intentar comprender lo que pasa por la cabeza de un hombres capaz de encerrar, secuestrar y violar repetidamente durante 24 años a su hija. No hay mente que lo soporte. No hay mente capaz de acercarse unos mílimetros al enfermizo raciocinio de Josef Fritzl, si es que le queda alguna neurona sana. Personas así justifican por completo la célebre afirmación del filósofo Thomas Hobbes: "el hombre es un lobo para el hombre". Sin embargo, por simple y reduccionista, la frase resulta tan llamativa como incierta. Josef Fritzl pertenece a la misma especie animal que la Madre Teresa de Calcuta, quien dio su vida por los más pobres en la India. Josef Fritzl nació el mismo año que el tenor Luciano Pavarotti o que el escritor Francisco Umbral, dos genios inigualables de la cultura contemporánea. Josef Fritzl procede de Austria, la misma tierra que vio crecer a virtuosos de la música como Mozart, Haydn, Schubert y Strauss. Josef Fritzl pudo seguir los pasos de cualquiera de ellos pero prefirió repetir, a menor escala, el horror causado por otro austriaco de nacimiento: Adolf Hitler. Fritzl era -sigue siendo- un monstruo sin escrúpulos. Su abogado le define como un enfermo mental pero sus delitos no se evitan con pastillas o una camisa de fuerzas. Cualquiera que sea la condena resultará demasiado escasa para el sufrimiento que ha causado a su hija, para el trauma que eternamente tendrán los pequeños nacidos de repetidos incestos, para la mentira a la que sometió a su familia y para todas las barbaridades cometidas en el sótano de su casa. No hay sanción suficiente para Josef Fritzl, que a sus 73 años tendrá fácil esquivar la cárcel. El verdadero castigo de Fritzl llegará el día que asuma el mal causado y se arrepienta de todo. Entonces, su conciencia quedará retenida para siempre en un zulo aún más pequeño al que Fritzl construyó para su hija y los remordimientos serán tan frecuentes como las violaciones a las que él sometía a Elizabeth.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito