ANÁLISIS DE DEPORTES
De cómo superar las pugnas

Por Roberto J. Madrigal
3 min
Deportes30-03-2008
No hay quien entienda la Liga. El Real Madrid, en la liga del acordeón, tan pronto desborda con un recital, en un arranque de furia y orgullo, como se casca un partido infumable. Éste fue el turno para el Valencia, que después de mojar la oreja en la misma semana a los dos grandes y llegar a la final de Copa, volvió a echar por tierra, en casa, todo el trabajo. Además, volvió a perder por lesión a David Villa. El Barcelona, entre tanto, volvió a dar las peores sensaciones antes de jugarse lo que queda de la temporada contra el Schalke alemán… con un Ronaldinho de Assis que retrata la penosa situación del club: no está enfermo ni convocado, pero alude molestias. O sea, que a todos les toca una parte del pastel. A falta del título, que se antoja inalcanzable dados los síntomas del equipo, se les ha echado encima un Villarreal que puede conseguir el billete directo para la Liga de Campeones, pero que con un poco de fortuna, además, podría llegar a la Liga. Por lo pronto, el submarino amarillo ya concita las simpatías de todos aquellos que quieren un soplo de aire fresco en el establishment del duopolio entre Madrid y Barcelona. El Gran Premio de España, y en concreto la carrera de MotoGP no defraudaron pese a que no hubo récord de asistentes en Jerez. Valentino Rossi, siempre orgulloso y combativo, se coló en un duelo que, sobre la pista, no fue tal porque Daniel Pedrosa consiguió llevar la carrera a su terreno y Jorge Lorenzo –ojo, todavía tan sólo en su segunda carrera en la categoría– no encontró el ritmo abrumador que su Yamaha tuvo en los entrenamientos. Pedrosa, pese a la lesión que le hizo perderse buena parte de la pretemporada, demuestra que está en condiciones de encaminar la línea de trabajo de la todopoderosa Honda, en tanto que Casey Stoner bastante tuvo con no caerse y sumar puntos. Por cierto que Marco Melandri, el otro piloto oficial de Ducati, se paseó sin pena ni gloria. La rivalidad entre los dos españoles puede ser antológica, pero la frialdad que muestran no está reñida con mostrar el respeto. Si el Rey consiguió forzar un apretón de manos y Lorenzo felicitó a su rival tras la carrera, no debería ser tan difícil. Una enemistad que viene de años atrás ya debería estar, como poco, superada. Los aventureros son de otra pasta. Isidre Esteve es otro de tantos ejemplos de esa estirpe. No sólo por esos más-o-menos tópicos sobre el coraje, que todas las personas tienen y sólo algunas saben aprovechar, sino por el ejemplo de humildad y de sentido humano –y cristiano– que está por detrás de toda esa historia de superación. Ejemplos y valores, éstos, que nos parecen cada vez más lejanos, más difíciles, en el contexto de toda esa espiral de negación de los propios valores que impregna la cultura occidental. Ahora bien, todas esas limitaciones que nos hemos impuesto, por el sentido de la vergüenza, de lo políticamente correcto, saltan por los aires en cuanto alguien que ha estado en contacto con estas culturas aparentemente menos desarrolladas cuenta su experiencia y nos hace cercanas las raíces que, en nuestro corazón, hemos querido alejar.






