Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

¿TÚ TAMBIÉN?

“La culpa es de Occidente”

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura4 min
Opinión30-03-2008

“Me siento más sereno, más tranquilo, más feliz. Siento una absoluta sintonía entre los valores en los que siempre he creído y el contexto espiritual, cultural y social del catolicismo, la religión a la que me he unido. Me siento fuerte y determinado a seguir luchando para afirmar la verdad, la vida y la libertad”. Así responde Magdi Cristiano Allam a una de las de las preguntas de una periodista de El Mundo que cubre habitualmente asuntos vaticanos (29-03-2008). Allam es el periodista egipcio del Corriere della Sera especialista en Islam que lleva años en diálogo con musulmanes moderados y que el pasado sábado de Resurrección fue bautizado por Benedicto XVI, abandonando así su pasado musulmán. “He decidido convertirme al catolicismo porque no creo posible reformar el Islam desde dentro”, titula la periodista, simplificando el sentido profundo de la conversión, pero resaltando una de las claves. Allam conoce el Islam desde dentro y ha dedicado buena parte de su vida a condenar el extremismo islámico -irracional- y a abogar por un Islam moderado que no atente contra los principios de la razón. Por eso apoyó -siendo musulmán- el polémico discurso de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, en el que el Papa subrayaba la necesidad de vincular fe y razón, pues una fe irracional deviene en fundamentalismo y una razón sin fe nos empuja a las barbaridades de los totalitarismos de la primera mitad del siglo XX. Por eso Allam ya había sufrido varias amenazas y condenas a muerte por parte de fundamentalistas islámicos y por eso lleva protección desde hace años. Su conversión -dice él- tiene que ver con haber descubierto en los propios fundamentos del Corán ataques contra la libertad, la igualdad y la dignidad y en la seguridad de que “no admite reformas. De hecho, está concebido para ser intocable”. “Creo -sostiene- que efectivamente no se puede hablar de un Islam moderado. Pero otra cosa son los musulmanes, entre quienes sí existen moderados”. Así que mantiene su diálogo y su preocupación por sus hermanos musulmanes... al menos, con los que quieren dialogar. Pero Allam también conoce Occidente, y mejor que la periodista de El Mundo. Da vergüenza ajena ver cómo un egipcio educado en una familia musulmana da lecciones de cultura occidental a una periodista crecidita en España. La periodista, que más que preguntar expone sus prejuicios, insiste en que Occidente da razones al Islam para hacerse violento; Allam recuerda que “este Occidente [relativista y cansado de sí mismo] se considera culpable de todos los males sobre la faz de la tierra”, cuando en realidad es Occidente el impulsor de los valores de la igualdad, la libertad y la dignidad de la persona. La periodista insiste en que no sólo los islamistas, sino que “138 intelectuales musulmanes moderados” han criticado su bautismo. Allam responde: “¿Moderados, dice usted?” y explica lo que hacen y defienden estos “moderados” -según la periodista española-. El resto de la entrevista trascurre por similares cauces. Una occidental postmoderna incapaz de entender cómo es posible que un musulmán asuma y defienda los valores occidentales como mejores que los islámicos y que además defienda esas ideas públicamente. Y un ex-musulmán recién bautizado que insiste en que Occidente no debe de tener miedo de reconocer con alegría y firmeza cuál es su tradición religiosa y sus valores y cómo éstos hacen más justicia a la verdad y el bien del hombre que los del Islam. No me importa ahora si tiene razón Allam en su “juicio a la totalidad” sobre el Corán. Lo que me escandaliza es que los occidentales consideren una provocación el que un musulmán se convierta al catolicismo y que, por el contrario, entiendan como natural la violencia generada por las famosas viñetas sobre Mahoma o las habituales conversiones de católicos al Islam. Cuando uno desconoce, desprecia o ignora el valor de su tradición y sus valores, no puede dar muy buena impresión. Supongo que eso es, precisamente, por lo que los musulmanes se consideran más fuertes que nosotros: se creen su discurso. Si nosotros hiciéramos lo mismo, y apostáramos por la tradición que hizo de Occidente un referente moral y de progreso, edificaríamos, junto con Allam y tantos otros hombres, ese lugar donde la vida se ensancha.

Fotografía de Álvaro Abellán

$red

Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach