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ANÁLISIS DE ESPAÑA

Parodia nacional

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura3 min
España13-01-2008

“Este es el himno de los que vamos en metro, de los que pagamos hipotecas... De la gente sencilla”. Resulta que estas son las motivaciones que han inspirado a un -seguro bien intencionado- parado de Castilla-La Mancha a la hora de escribir la letra para el nuevo himno de España. El Metro, hipotecas, gente sencilla… Con esto está todo dicho. La letra es una cutrada desde que empieza hasta que acaba. Con demasiadas coincidencias con el anterior de Pemán, pero supliendo lo políticamente incorrecto con una buena dosis de literatura barata en almíbar. Y es que un himno no se hace para ensalzar mileuristas que no llegan a fin de mes, ni para recordarle a nadie su esclavitud ante el Euribor, ni para sentirse orgulloso de los empujones en el Metro cada mañana. Un himno es un canto de grandeza, aunque en el se recuerden derrotas. Un himno se transmite de generación en generación. De vencedores a vencidos y luego a vencedores otra vez. Y se lleva con orgullo, sin complejos. Un himno se cultiva en el tiempo, con el paso de los años como un buen vino en una bodega. Por eso no tenía sentido ninguno inventar una letra nueva. Porque un himno no se inventa, no se impone, se hereda de la historia, de los acontecimientos y es el pueblo el que termina eligiéndolo por los sentimientos que le genera. Nuestra Marcha Real es como es, con sus carencias, y cierto es que no da para muchas virguerías, pero ahora la han mezclado con coca-cola y han hecho un kalimotxo con ella. Un himno tiene que emocionar, ponerte los pelos de punta, hacerte sacar fuerzas de donde no las hay. Y que lo pueda cantar uno que paga la hipoteca sin acordarse de ella igual que Edit Piaf de niña hacía llorar de orgullo a sus compatriotas y vecinos franceses de los suburbios de París que escuchaban La Marsellesa rodeados de miseria y desesperanza. En definitiva, que un himno básicamente hay que creérselo y este nuevo que nos han plantado no hay por donde cogerlo. Seguramente que entre las miles de propuestas que se mandaron había letras mucho más acertadas, pero también más polémicas. Por eso se ha terminado eligiendo esta, tirando por la calle de en medio y optando por la mediocridad para hacerse la foto sin molestar a nadie. La dictadura de lo políticamente correcto es lo que tiene. Pero el tiro les ha salido por la culata porque el resultado ha sido a todas luces vergonzante y ahora nadie se quiere hacer cargo del mochuelo. Vale que el COE y mucho menos la SGAE no tienen ninguna legitimidad para dotarnos a los españoles de un nuevo himno. Vale que su gestión del asunto ha dejado mucho que desear viendo el resultado, pero que los políticos no escondan la cabeza y se limiten a culpar a estas dos instituciones. Sobre todo cuando fueron ellos quienes azuzaron el asunto. Habrá que ver si Rajoy sigue empeñado en llevar esta iniciativa del nuevo himno como bandera de su proyecto tal y como defendía hace unos meses. Sobre todo ahora que la nueva letra no le ha gustado a nadie. La excusa era lo del deporte. Que los atletas no tenían letra que cantar en el podio -mire usted que problema- y tenían que guardar silencio. Callados mientras los franceses entonan su “a las armas, ciudadanos, que una sangre impura empape nuestros surcos” o mientras que hasta los mexicanos cantan su letra empezando con un “grito de guerra, el acero aprestad y el bridón”. Pero el tema de la violencia no es necesario para creerse un himno. Ahí están los ingleses con su Good Save The Queen o los americanos con sus barras y estrellas. Al final nuestra respuesta a todo esto es un canto “con distinta voz y un mismo corazón” mezclado con “verdes valles” y culminado con la siempre recurrente “democracia y paz”. Al final con letra o sin ella, después de escuchar el himno, nuestras selecciones van a seguir saltando al campo perdiendo 1-0 en el marcador. Puestos a hacer el ridículo ya nos podrían haber dejado con el famoso chunda, chunda, En fin, que todos los problemas sean como este.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio