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SIN CONCESIONES

La gran mentira

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión12-01-2008

Hay pocas noticias tan buenas para la democracia como la detención de un terrorista. Cuando al mismo tiempo se capturan dos criminales, la satisfacción es doble. No es para menos. Cada operación contra la banda terrorista ETA supone abortar un atentado y, por lo tanto, evitar el asesinato de alguna persona. La encarcelación de dos de los autores de la bomba en la T-4 de Barajas resulta todavía más gratificante para cualquier ser humano. No sólo se evitan muertes, sino que además se hace justicia. Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate perdieron la vida en la masacre del aeropuerto de Madrid. Sus familias jamás volverán a verles. Sin embargo, con la puesta a disposición de la justicia de Martín Sarasola e Igor Pertu se demuestra que el terrorismo no tiene futuro, que el Estado de Derecho es más fuerte y que la democracia es inmune a la violencia totalitaria de un puñado de irracionales y descerebrados. El entusiasmo con el que hemos acogido la captura de dos de los terroristas que volaron el aeropuerto de Barajas ha ocultado algunos detalles importantes de cómo se forjó aquel atentado que dejó en evidencia las dotes de vaticino de Zapatero. Sabíamos que mientras el presidente del Gobierno afirmaba que gracias a su proceso de diálogo con ETA "dentro de un año estaremos mejor que hoy", la banda estaba colocando la bomba que desmentiría aquella célebre frase. Lo que no sabíamos es que el atentado comenzó a planificarse seis meses antes, en junio de 2006. En aquellas fechas, el líder del PSOE dijo haber verificado por distintas vías y con la máxima solvencia que el alto el fuego era real y tenía vocación de ser definitivo. Zapatero no prestó atención a las cartas de extorsión que recibían los empresarios y restó importancia a los numerosos episodios de terrorismo urbano. Ahora, los datos también prueban que ni siquiera se molestó en comprobar si ETA había detenido sus planes violentos. No lo hizo. Autoconvencido por su soberbia e imprudencia, ordenó el inicio de la negociación con los terroristas pese a que ya estaba en marcha una operación para saltar por los aires la T-4 de Barajas. Las víctimas del terrorismo, las Fuerzas de Seguridad del Estado, el principal partido de la oposición y millones de ciudadanos advirtieron al Gobierno de que la tregua era otra trampa más de ETA para ganar tiempo, rearmarse y esquivar los numerosos procesos judiciales que tenía que afrontar en esas fechas. Sin embargo, Zapatero no escuchó. No investigó. No comprobó el alto el fuego. No atendió ningún aviso. Al contrario, arrinconó a las víctimas, reprochó a la oposición su actitud y ninguneó a la marea cívica que salió a la calle para protestar contra el diálogo entre el Ejecutivo y ETA. Pese al robo de armas en Francia y los preparativos del atentado de Barajas, Zapatero insistía una y otra vez en que el alto el fuego era real y que la negociación pronto daría sus frutos. Un año después sabemos que todo era mentira. El que tanto criticó las mentiras de la guerra de Iraq se ha pasado cuatro años contando mentiras y más mentiras. Si Aznar mintió con las armas de destrucción de Sadam Husein, Zapatero no ha sido menos respecto a ETA. La suya ha sido otra gran mentira masiva para tratar de pasar a la Historia como el gran pacificador del País Vasco. Sin embargo, ha quedado al descubierto. Por sus mentiras y sus insensateces, merece acabar igual que su antecesor.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito