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INMIGRACIÓN

La CE hace buenos vecinos

Por Noa Beade MuiñosTiempo de lectura2 min
Economía23-12-2007

La Comisión Europea (CE) ha visto el problema de la inmigración y ha decidido ponerse en acción. Ha sido la comisaria de Relaciones Exteriores, Benita Ferrero-Waldner, la encargada de presentar nuevas prioridades dentro de la Política Europea de Vecindad, en la que reconoce que lograr los objetivos “requerirá nuevos esfuerzos” por parte de la Unión Europea.

La Política Europea de Vecindad nace con el mismo rango que la Política Agraria Común (PAC). De esta manera, forman las directrices que toda la Unión Europea ha aprobado para alcanzar un objetivo: hacer más homogéneos los niveles de desarrollo entre las regiones periféricas y las inmediatas a la frontera. La diferencia de renta entre países es lo que provoca los problemas. La contribución entre vecinos no es sólo una cuestión de solidaridad, sino también de propio egoísmo, ya que en el desarrollo y estabilidad socioeconómica de los países colindantes va el de la UE en sí. Si tenemos un vecino ruinoso vamos a tener problemas, pero si en cambio es próspero en crecimiento, estable y podemos comerciar con él, mejor para ambos. La iniciativa nace con tres prioridades básicas: el comercio de productos agrícolas, la movilidad de personas y la ayuda para resolver conflictos olvidados como el del Sáhara. Por esto, la CE aboga por dar un nuevo impulso a esta política, con la que Bruselas trata de crear un marco estable de cooperación con la Europa oriental y la cuenca mediterránea. En este contexto, la Comisión Europea negocia acuerdos de libre comercio por separado con los países del Magreb, que reclaman a la UE que elimine los aranceles para más productos agropecuarios de los ofertados hasta ahora. La cuestión comercial es crucial. Ferrero-Waldner apuesta por “incrementar el comercio para impulsar la economía y mejorar el acceso al mercado” de la UE de los bienes agrícolas de los países vecinos. Reclama, asimismo, que los estados miembros “limiten el número de productos excluidos de la plena liberalización”. Las mayores dificultades podrían darse en países de la cuenca mediterránea, como España, Francia o Italia. Sin embargo, la comisaria insiste en que “hay que mostrar a los estados miembros que para equilibrar los flujos migratorios hay que abrir el mercado comercial, incluso en productos sensibles”, dijo, aunque siempre con el acuerdo de los capitales europeos y con la obligación por parte de los países importadores del cumplimiento de las normas sanitarias. Además de la negociación comercial, este proyecto reabre la necesidad de reactivar el capítulo migratorio mediante la concesión de visados y el tráfico transfronterizo entre la UE y estos países, así como poner en marcha los llamados “programas pilotos de movilidad” para combatir la inmigración ilegal y facilitar de manera paralela la legal.

Fotografía de Noa Beade Muiños