Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

SIN CONCESIONES

La verdadera Navidad

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión30-12-2007

Una fiesta en el calendario, una cena en familia, una tradición milenaria, una noche mágica, una onomástica histórica, una excusa para regresar a casa... Cada cual puede elegir la definición que prefiera de la Navidad. Es todo esto y mucho más. Lo cierto es que la Navidad tiene dos significados. Por un lado, está la Navidad que cada uno de nosotros lleva dentro, la que almacenamos entre los recuerdos de nuestra infancia, la que nos transporta a lo que fuimos y lo que realmente somos, la que nos rodea de las personas a las que más queremos, la que ilumina nuestras ciudades, la que llena nuestras casas de villancicos, figuras del belén, turrón, mazapanes, estrellas y elementos decorativos varios. Esta es la Navidad material, la pagana, la que se repite año tras año, la que hemos construido los seres humanos. Pero hay otra Navidad mucha más importante y llena de vida dispuesta a florecer en el corazón de todo aquel que la quiera buscar. La otra Navidad procede de muy lejos. Tiene su origen hace dos milenios, a millares de kilómetros de nuestras casas, en el pesebre de una cueva de Belén donde varios animales se resguardaban del frío. Hasta allí se había trasladado una jovencísima pareja. Ella estaba en cinta. Y el destino quiso que diera a luz en aquella humilde morada... La historia es conocida en todo el mundo porque, entre otras cosas, es Historia. Así ocurrió y así está escrito desde hace casi dos mil años. Aquel niño nacido en un establo hizo maravillas en vida y se convirtió en todo un ejemplo a seguir. Cuidó a los más desfavorecidos, atendió a los enfermos, consoló a los huérfanos, trató a las mujeres como iguales, enarboló la bandera de la solidaridad, renunció a los bienes materiales y fundó la ONG más antigua y grande del mundo: la Iglesia. Sólo en España, cuenta con 22.700 parroquias, 20.000 sacerdotes, 5.000 colegios concertados, 107 centros hospitalarios, 876 casas para ancianos y minusválidos, 937 orfanatos, 321 guarderías infantiles, 365 escuelas especiales, 144 centros de caridad, 305 consultorios, 73 casas de acogida a reclusos en libertad provisional, 54 centros para toxicómanos y 24 hogares para enfermos de sida. Los seguidores de aquel niño nacido en Belén pueblan actualmente los siete continentes y se cuentan por más de mil millones. Pero lo que les hace especiales no es una cifra sino la fe. Asumen que aquella criatura era Dios encarnado y vino a nuestro mundo para dar un mensaje de vida y divinidad. Su testimonio resulta tan impactante que muchos se resisten a creerlo. No importa. Quizá algún día lo comprendan. Mientras tanto, pueden quedarse con el legado de valores y enseñanzas que Jesús dejó a los seres humanos. Todo cuanto es la civilización occidental descansa sobre los pilares del cristianismo que plantó aquel niño nacido en Belén y que luego se levantaron durante siglos en catacumbas, abadías y monasterios. Este es el verdadero significado de la Navidad, además del que por las vivencias y recuerdos tiene para cada uno de nosotros. Este es el motivo real de la fiesta, de la noche, de la cena familiar, de las luces en la calle, del árbol y, sobre todo, de los regalos. No lo olvidemos y celebrémoslo como merece.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito