SIN CONCESIONES
Los "genios" también mueren

Por Pablo A. Iglesias
2 min
Opinión25-11-2007
Voy a ser políticamente incorrecto. Ya lo aviso. Hoy me he propuesto nadar contra la corriente mediática. Estoy más que harto de que todo el mundo eleve a los altaras al actor Fernando Fernán Gómez desde el mismo día de su muerte. En España, uno de los deportes favoritos consiste en mitificar a los fallecidos aunque a lo largo de su vida se les haya considerado auténticos demonios. Este es precisamente el caso. Fernando Fernán Gómez ha sido despedido como un genio, como pocas autoridades del ámbito cultural, artístico y político merecen. Él no era de esos, precisamente. Sin duda fue un genio sobre el escenario y delante de las cámaras. Sus dotes de interpretación y, sobre todo, su voz grave le permitieron triunfar en su profesión. Como actor logró deslumbrar tanto a sus admiradores como a sus detractores, que también eran muchos. Su carácter agrio y rebelde le definían mejor que cualquier otro rasgo. Los problemas que le acarreaba esa personalidad eran vox populi dentro y fuera de los entornos en los que solía moverse. Pasará a la historia por los numerosos premios recibidos a lo largo de su dilatada carrera pero también por el grosero "¡A la mierda!" que un día espetó a hombre que se acercó para pedirle un autógrafo. Era inteligente pero muy poco agradable de trato. Mejor dicho, nada. Aunque tuviese un corazón repleto de dulzura pocas veces lo demostraba. Sus quejas eran más frecuentes que sus muestras de cariño a los demás. Así que no tenía nada de santo, como algunos han tratado de vender, ni debería ser puesto como ejemplo a seguir. Fernando Fernán Gómez era un actor genial, pero en absoluto era un genio. Quienes tanto le adulan estos días deberían recordar lo que decían sobre él hace apenas unos años. Hay un gesto que explica bien cómo era. Al morir, el féretro con sus restos mortales ha estado expuesto en el Teatro Español de Madrid cubierto por una bandera: la anarquista. Todo el que pasó por allí pudo verla, incluido el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Fernando Fernán Gómez no sólo era anarquista, en sí mismo era un anárquico de los pies a la cabeza. En cada una de sus decisiones y en cada uno de sus comportamientos. Sólo así se entienden muchas de sus excentricidades. Nunca comprendió que es posible ganarse la admiración profesional de los demás y, al mismo tiempo, obtener su desprecio personal. Las personas somos mucho más que actores, periodistas o empresarios. Ante todo, somos seres humanos. Y como tal debemos comportarnos en todas las facetas de nuestra vida. Los verdaderos genios lo son de corazón. No porque sean los mejores en su trabajo.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






