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ITALIA

La inmigración en Europa: realidades diferentes

Por Luis Miguel L. FarracesTiempo de lectura3 min
Internacional11-11-2007

La crisis abierta en Italia por la expulsión de inmigrantes rumanos y las posiciones extremas de la oposición de Silvio Berlusconi, que solicita nuevas expulsiones de hasta cientos de miles de personas, volvió a poner en las portadas de los periódicos de toda Europa la situación de la inmigración en el Viejo Continente. Una situación que no puede ajustarse a un único modelo y que presenta grandes diferencias entre cada uno de los países europeos.

Unas diferencias que se plasman en campos como el impacto económico, la aceptación social o la misma procedencia de los inmigrantes de cada país. Tradicionalmente el modelo más estable de la Unión es el de Reino Unido, donde la población inmigrante procede principalmente de antiguas colonias británicas hoy miembros de la Commonwealth. Según su nacionalidad, los indios y paquistaníes son los dos grupos mayoritarios en el territorio y debido al pasado colonial del país existen numerosas familias inmigrantes de segunda o tercera generación. El hecho de que la inmigración no haya sido un fenómeno tan reciente como en países como España ha favorecido la integración de la población foránea hoy en día en el ámbito social y laboral. No obstante, desde los atentados de Londres del 7-J existe una preocupación creciente acerca de la influencia de determinados clérigos islamistas en las mezquitas británicas. El, a grandes rasgos, tranquilo caso de Reino Unido contrasta con las revueltas de inmigrantes en Francia en otoño de 2005. A finales de octubre, cientos de inmigrantes musulmanes iniciaron graves disturbios callejeros con quema de miles de coches y pequeños edificios como respuesta a la muerte de dos inmigrantes cuando escapaban de la Policía en un suburbio de París. Ante la situación, el Gobierno francés se vio obligado a decretar el toque de queda en determinadas poblaciones y se detuvo a más de un centenar de personas. En la cuna del secularismo, la integración musulmana y la influencia de la religión islámica ha sido una difícil tarea en los últimos años como queda de manifiesto en las protestas por la prohibición de mostrar símbolos religiosos en las aulas o en la vertiginosa subida de la ultraderecha de Jean Marie Le Pen en la última década. En cualquier caso, el pensamiento popular acerca de un exceso de inmigrantes en un determinado país no sólo ha dado como resultado un ascenso de partidos xenófobos en Francia. Países como Austria, Holanda y Suiza han visto crecer en los últimos años el voto a favor de las posiciones más duras en contra de la inmigración. Algo que sin embargo aún no ha ocurrido en Alemania, pese a que casi el 40 por ciento de los tres millones de turcos que pueblan el país se encuentra en paro y eso revierte directamente en una conciencia general acerca de posibles actividades delictivas de los inmigrantes. Al contrario que en sus países vecinos, en Alemania los sucesivos gobiernos de izquierda del SPD y los verdes realizaron grandes esfuerzos por mejorar la igualdad de oportunidades entre los inmigrantes turcos y los ciudadanos germanos durante la última década. Con la oposición abierta de los conservadores, Alemania otorgó un derecho clave a sus inmigrantes turcos, la ciudadanía de los hijos de turcos en suelo teutón. Pese a todo, el gran flujo migratorio proveniente de Anatolia es uno de los factores clave que explica la generalizada posición popular en contra de la adhesión de Turquía a la Unión Europea por temor a una llegada masiva de ciudadanos turcos.

Fotografía de Luis Miguel L. Farraces