SIN ESPINAS
El perdón y el rencor

Por Javier de la Rosa
2 min
Opinión22-10-2007
La Iglesia Católica beatificará este próximo domingo a 498 mártires españoles que fueron asesinados durante la Guerra Civil. Algunas esferas mediáticas y políticas de este país han querido vincular este acto de la Iglesia con la aprobación de la Ley de Memoria histórica aprobada por Zapatero para -principalmente- desahogar el espíritu de revanchismo que anega su corazón. Como tantas otras, so pretexto de resarcir a las víctimas republicanas de la Guerra Civil o de la dictadura franquista, quien sigue haciendo leyes sin demanda social y por pura ideología personal, pretende enterrar su responsabilidad en la quiebra social de este país echándole las culpas a los que no buscan más que la paz y; en quienes -con su testimonio- ofrecieron el perdón a sus propios verdugos. La Iglesia puede demostrar con hechos que la relación hecha entre estas beatificaciones y la Ley de Memoria rencorosa y vengativa de Zapatero es falsa. Primero porque la coincidencia temporal entre las beatificaciones y la aprobación de la ley es un hecho casual, puesto que las causas de estos beatos se presentaron en los años 50 y 60 y se aglutinaron en Roma hace 10 años -en 1997-, para estudiarlas todas juntas. Es decir, que la Iglesia trabaja despacio y con su propio calendario, que no tiene que ver con los tiempos de los políticos. Segundo, porque no se denomina a los futuros beatos como mártires de la Guerra Civil, aunque no por ello se quiera negar que la mayoría murieran en ese periodo. Es más bien porque los futuros beatos no son de ningún bando, son amigos y mártires de Cristo, que fue por quien murieron. Tercero, las causas de beatificación son promovidas por los fieles, quienes presentan ante la Iglesia los informes para que ésta investigue el caso ejemplar de fe que estos testigos atribuyen a la figura cuya beatificación promueven. Por eso, la Iglesia anima a promover las beatificaciones de mártires republicanos como la de los sacerdotes asesinados en Vizcaya. Y cuarto, porque las próximas beatificaciones, lejos de reabrir heridas promueven la reconciliación, porque todos estos mártires murieron perdonando a quienes les mataron. Un mártir es aquel cristiano que muere por dar un testimonio de fe en Jesucristo, es decir, que pudiendo haber salvado su vida ha preferido perderla antes que poner en cuestión su fe en Jesucristo y en la Iglesia. Todo esto, señor Zapatero, demuestra la diferencia entre el perdón y el rencor.






