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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

¿Porqué células embrionarias y no adultas?

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad23-09-2007

Para evitar un ataque, los paises declaran la guerra. Para prevenir que no se hunda una empresa, el jefe despide a decenas de obreros... Cada vez más nos amparamos tras el erróneamente aplicado principio del mal menor. Y lo peor de todo es que creemos que hacemos lo que deberíamos hacer. Ocurre en todos los ámbitos. También en la ciencia y en la política. Al menos una vez en su vida el ahora ministro de Sanidad, Bernat Soria, escuchó una pregunta similar a esta: ¿Por qué se empeñan en investigar con células madre de embriones cuando queda un mundo por descubrir en la investigación de células madre procedentes de adultos? Una mujer que quiere quedarse embarazada y sabe que su hijo nacerá enfermo, si no tiene más información, elegirá seleccionar embriones, que según cómo y quién lo mire sería matar personas. Un enfermo crónico que está harto de terapias dolorosas que secuestran su libertad de movimientos, sin información adecuada, deseará que le den a probar ese fármaco maravilloso con el que los científicos dicen haber encontrado una posible solución a partir de la manipulación de embriones, que según cómo y quién lo mire sería destruir la vida de unos pequeños seres sin voz. Bernat Soria es un afamado científico, de larga trayectoria en la investigación, que defiende que la ciencia debe husmearlo todo, que nada, ni llamándose ética, ni moral, ni principios debe interponerse en su camino. El principio del mal menor implica elegir entre dos malas opciones como respuesta a un problema, no crear una segunda pésima opción. Muchos científicos piensan que para solucionar muchas enfermedades hay que matar embriones. Señor ministro, ¿porqué no se agotan todas las vías de investigación con células madre de adultos? Muchos ciudadanos tendrían la conciencia más tranquila si así fuera. Por cierto, al menos aquella vez en la que Bernat Soria pudo dar respuesta a aquella pregunta lo hizo tirando balones fuera. ¿Para qué adentrarnos en el alma del asunto si nos podemos quedar maquillándonos la piel?

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo