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SER UNIVERSITARIO

Madre Teresa y sus “dudas de fe”

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura3 min
Opinión09-09-2007

Ocurre todas las semanas, pero, qué le vamos a hacer, unas veces nos duele más que otras y no tenemos tiempo ni espacio para denunciarlo siempre. Me refiero a la imbecilidad en que descansa gran parte de la profesión periodística española. “Dame un titular”, es la frase favorita. Porque cualquier hecho que no quepa en una línea es demasiado complejo para su inteligencia. Porque cualquier pensamiento que exija una oración subordinada se escapa a sus posibilidades. “Te lo compro”, es otra expresión tópica, como si la información, la verdad, o los hechos fueran un pedazo de pescado en las lonjas portuarias. Pero, antes de la reducción lo vendible en una sola frase, aplican otro filtro igual de patético: “¿hay conflicto? ¿morbo? ¿pelea? ¿novedad provocadora?”. Por todo esto, era más que evidente que buena parte de esa parte de la "profesión periodística" que vegeta en la mediocridad confundiera la “noche oscura” de Madre Teresa de Calcuta con una “falta de fe”. A los males endémicos del periodismo actual se suma la falta de cultura religiosa. Hace 50 años, cualquier hombre medio, creyente o no, había oído hablar de la “noche oscura” de San Juan de la Cruz. Y no en Religión, sino en Literatura. Cuando el laicismo se convierte en tan irracional que margina todo arte y literatura de temática religiosa -es decir, el 90 por ciento del total-, se vuelve incapaz de entender absolutamente nada. Porque, sencillamente, no se puede entender al hombre -a ningún hombre- sin el hecho de la religión o sin la experiencia de la fe; ni se puede entender a ningún europeo sin tener notica de la experiencia cristiana. Para poder distinguir entre “noche oscura” y “falta de fe” hay que entender como distintos los conceptos de “Dios en sí” y “mi idea o la proyección de mi idea de Dios”; entre “mi percepción o sentimientos acerca de su presencia” y “mi seguridad en su existencia”. Cosa imposible para quien piensa que Dios es una mera proyección psíquica y que, por lo tanto, cuando no “siento a Dios”, en realidad “no creo en él”. Pero Madre Teresa no dudó de la existencia de Dios. Ni dejó de amarle. Ni dejó de obedecerle jamás. Su pasión por ese “primer y único amor” que fue Jesús, se apagó durante 50 años, es verdad. Murió ese sentir a Dios apasionadamente, pero siguió viva, y muy viva, su fe, su amor, su fidelidad y su entrega total. Y si cuidó a cada moribundo como si estuviera enamorado de él, lo hizo porque sabía -aunque ya no lo sintiera- que amarle a él era amar a Cristo. Y lo sabía, no sólo porque así lo sintió y lo percibió durante muchos años de su vida, sino porque conocía y se alimentaba de la Palabra de Dios: “Cuanto hicisteis a uno de esos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40). Podría contar aquí muchas anécdotas de Madre Teresa. Por ejemplo, cuál era “su secreto”, tal y como ella sostenía -y sin filtros periodísticos-: “Mi pequeño secreto es rezar. Mediante la oración me uno al amor con Cristo”. Pero es mejor que ustedes se lancen a conocerla, por sus obras en el mundo, por sus libros, por las personas a quienes cambió la vida o por algunas de las obras sobre ella. Por ejemplo, a través de Teresa de Calcuta, una película dirigida por un no creyente, pero ni periodista ni laicista, es decir, capaz de mirar sin prejuicios. Luego, y sólo luego, piensen si parece una mujer mentirosa o hipócrita, como en el fondo hacen quienes sostienen que perdió la fe y no lo dijo. ¿Serán conscientes de que llaman hipócrita y mentirosa a Madre Teresa? No, ¡qué digo! No son capaces de ver más allá de su noticia.

Fotografía de Álvaro Abellán

$red

Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach