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ANÁLISIS DE DEPORTES

Un Tour de prepotentes y de cobardes

Fotografía

Por Roberto J. MadrigalTiempo de lectura3 min
Deportes08-07-2007

El Tour de Francia, como no puede ser de otro modo –según andan las cosas, y que dure–, llega revuelto tras los no-positivos del Giro de Italia. Los últimos movimientos han sido la defensa de Alejandro Valverde por parte del Comité Olímpico Español (COE), ya que el ciclista murciano no es uno de los imputados por la operación Puerto, a pesar de los rumores, y el comunicado de los corredores españoles, por medio de la Asociación de Ciclistas Profesionales (ACP), de que dirigentes, médicos, directores y organizadores firmen también un compromiso antidopaje, ya que la última ocurrencia de la Unión Ciclista Internacional (UCI) fue exigir un compromiso por el que los ciclistas se comprometen, entre otras cosas, a entregar una muestra de ADN. “No es concebible que las reglas para la práctica de un ciclismo limpio sólo sean aplicables a los corredores”. O sea, que las cosas siguen como siempre: los que mandan siguen sin respetar la presunción de inocencia de los ciclistas, pero éstos no acuden a defender a los tribunales su inocencia. ¿Por qué? Tan sólo Óscar Pereiro ha dado por fin el paso de demandar a un periódico, el italiano il Giornale, por intromisión en el derecho al honor del ciclista gallego al afirmar que estaba involucrado en la operación Puerto. El ciclista, si es inocente, no debería avergonzarse de denunciar cualquier trato vejatorio. Otra cosa se llama cobardía, conciencia intranquila y miedo a perder privilegios. Paco Antequera, con quien han llegado los mayores éxitos en los últimos tiempos en los Mundiales para España, es un tipo que sabe de ciclismo. Y que llama a las cosas por su nombre: la operación Puerto se planteó de forma equivocada, puesto que se dieron nombres y datos sin una base legal para castigar tales prácticas: “El Consejo Superior de Deportes (CSD) ha empezado la casa por el tejado”. Se sorprende, no sin razón, de que sólo hayan salido los nombres de veinte ciclistas cuando había muchas más muestras de sangre: “como no saben cómo cerrar el asunto, por eso sigue coleando”. Por eso y por intereses. Pero Antequera no se casa con nadie, porque también critica al presidente de la UCI, Pat McQuaid: “¿A qué juega con la carta en que los ciclistas se comprometen a dar un año de su sueldo en caso de dar positivo? No tiene ni pies ni cabeza”. Y mientras no haya avances, sucederá que ciclistas y directores, como sucede con el danés Bjarne Riis, se harten de ir al Tour de Francia y a las grandes vueltas. Tal y como están las cosas, será la primera vez desde que Perico Delgado y Miguel Indurain me engancharon al ciclismo que no veré el Tour, porque es una carrera cuyos organizadores, por el prestigio de la prueba, acaban pasándose de prepotentes. Dice Antequera que “dopaje ha habido, hay y habrá en todos los deportes, pero en el ciclismo aparece más, porque aquí no hay sustitutos, como en otros”. Es una opinión, pero tampoco en el tenis hay sustitutos, y ahí sí existe la opción de que un jugador –ya que no forma parte de un equipo– se pueda defender. Así ha sucedido con el argentino Guillermo Cañas, capaz de demandar a la Asociación Mundial Antidopaje (AMA) y a la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP) para defender sus intereses, sacar a relucir las deficiencias en los controles antidopaje y limpiar su nombre para poder retomar, sin perjuicios, su carrera profesional y volver a tener patrocinadores. El abogado Cédric Aguet deja otra reflexión interesante: “El código mundial antidopaje no admite distinciones entre sustancias elevadoras del rendimiento y sustancias que lo disminuyan, (…) un código impuesto a todas las federaciones olímpicas y que no puede ser modificado”. El resquicio legal para la demanda es el perjuicio a la libre competencia en el mercado que es el deporte profesional. Si es que en el ciclismo, dentro de poco, aún sigue habiendo mercado.

Fotografía de Roberto J. Madrigal