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ANÁLISIS DE DEPORTES

Lecciones de cómo no hacer las cosas

Fotografía

Por Roberto J. MadrigalTiempo de lectura3 min
Deportes01-07-2007

Hace un año, cuando llegó a la presidencia, Ramón Calderón tenía claro el proyecto que quería para reconstruir, deportivamente hablando, el Real Madrid. Fabio Capello era el hombre adecuado y se le firmó un contrato de tres años, pero en cuanto hubo derrotas, Calderón cambió de chaqueta y se apresuró a buscarle sustituto. Sin embargo, como menos quería el presidente, el Real Madrid acabó ganando la Liga y se quedó sin una excusa flagrante para despedir al italiano. Desde entonces ha sido incapaz de afirmar sin ambages qué quería hacer. Tanto él como Predrag Mijatovic han hecho, apenas, los equilibrismos necesarios para mantenerse en sus cargos. De Capello se sabía cuál era su estilo, pero se le fichó porque era una garantía para conseguir resultados. Con todo, el Madrid también dejó durante la temporada detalles, unas pocas jugadas brillantes, que daban idea del margen de mejora que había por delante. Sin embargo, cuando era el momento de tener paciencia –pues la urgencia de títulos ya estaba resulta– y se podía dar un respaldo al equipo, con un plan a dos o tres años vista, se da marcha atrás. Para evitar exponerse a las críticas de los periodistas, que no tienen en cuenta la maduración que necesitan las relaciones entre los jugadores, cuerpo técnico y directivos crear un equipo, quien paga el pato es un entrenador cuyos defectos se sabían desde que llegó. El ex técnico del Milán, Roma y Juventus ha sido un entrenador prepotente, pero también ha sabido recuperar algunas virtudes de la plantilla merengue, como el coraje. Y desde luego, si yo fuera Capello, haría muy bien en no perdonar ni un solo céntimo del contrato –millonario, por lo demás– que le firmó el club. ¿De ahí a una dorada jubilación, con 61 años recién cumplidos? Probablemente, quién sabe. El caso es que puede decir que ha cumplido con su trabajo y sus promesas, no así una directiva que sigue dejando pasar el tiempo para confirmar el nuevo entrenador y está perdiendo un tiempo precioso para organizar y conjuntar el proyecto de la próxima temporada. Después resultará que la plantilla no estará conjuntada antes de empezar la competición y empezarán las excusas. Y si no, al tiempo. Porque uno de tantos problemas que no está sabiendo resolver Calderón es que en el equipo de fútbol, la receta de buenos jugadores, técnico que sabe dejarles lugar, ayudantes sensatos y una razonable distancia con respecto a los vientos de la prensa y de la directiva requiere de unas condiciones casi excepcionales. Las comparaciones con el baloncesto son muy fáciles, pero ni va a encontrar un mago al estilo de Joan Plaza ni acabará respetando la independencia que merece el trabajo de los responsables de la sección. Con las ideas claras, el trabajo se hace mucho mejor. En ese sentido, a pesar de que hay grandes críticas en el entorno del club, el Barcelona ha sabido moverse con rapidez. Primero, para maquillarlas con el fichaje de Thierry Henry –lo que abrirá las puertas, presumiblemente, a alguna de las figuras… por menos que lo de Samuel Eto’o se ha despedido a Thiago Motta– y para traer a jugadores que, tras el estudio de la secretaría técnica y el respaldo del entrenador, debieran corresponder al rendimiento que se espera de ellos. Y así van los grandes de Europa; en cambio, Calderón –y por ende, el Real Madrid– siguen contracorriente, dejando el trabajo para mañana, quizá esperando a que los periodistas le metan prisas. Así, a remolque, no es la mejor manera de trabajarse los éxitos. Menos aún de enmendar los errores de un Madrid al que, desde Vicente del Bosque, sigue sin durarle más de un año cada entrenador.

Fotografía de Roberto J. Madrigal