ANÁLISIS DE SOCIEDAD
De pueblo, que no paletos

Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad17-06-2007
Se va Victoria a Los Ángeles y, aunque ustedes no se lo crean, España sigue sin oler a ajo. En España tampoco comemos paella todos los días, ni vamos a trabajar en caballo vestidas de flamencas, ni tenemos tiempo para dormir la siesta. Por desgracia, la España que acaba de superar los 45 millones de habitantes cada vez huele menos a pueblo y a esas sanas costumbres que aún persisten en lugares recónditos del país. Sólo en algunos contados y pequeños municipios la gente aún sabe lo que es ser feliz, comer alimentos frescos, respirar aire puro, tener silencio. El silencio asusta. Pero también lo hace la multitud cariacontecida que aguarda la llegada del metro. Y aún así, los de ciudad les llaman "paletos" a estos otros españoles que cogen las lechugas del huerto abonadas con caca de vaca mientras ellos se agarran a una barra pringosa en el vagón para regresar a su piso en las afueras de la urbe. Según la Real Academia de la Lengua ser paleto es ser zafio, es decir, "grosero o tosco en sus modales o falto de tacto en su comportamiento". Paletos son los que van de fin de semana al campo y no recogen las colillas y cambian el aceite del coche junto a un camino. Luego dicen del cambio climático. Paletos son los sucedáneos de naturalistas empeñados a alimentar jabalíes que buscan comida en la basura. Paletos son los falsos ecologistas que no permiten podar los árboles del campo, ni para sanearlos o prevenir incendios, los requetelimpios que sacan brillo a su coche todas las semanas para que sea el más reluciente del contaminador atasco, los modernos que se ríen de lo mal que se expresa un vaquero que no quiere jubilarse, o de lo mal que pronuncia ciertas palabras un anciano artesano, de las verdades que dice un viejo cura con sotana y sacristán, de la cristalina sensatez de un agricultor sin subsidio y del corazón tierno de un pescador convertido en lobo de mar. Quizás, cuando dicen "paleto", los urbanitas analfabetos quieren comparar a los de pueblo con esa otra acepción que tiene la palabra para la RAE: "Mamífero rumiante de la familia de los Cérvidos, originario del mediodía de Europa, de unos 90 cm de altura hasta la cruz, pelaje rojizo oscuro salpicado de multitud de manchas pequeñas y de color blanco, que es también el de las nalgas y parte inferior de la cola; cabeza erguida y con cuernos en forma de pala terminada por uno o dos candiles dirigidos hacia delante o hacia atrás". Pero habrá que ver quién es más animal o, quizás, más cornudo.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo






