SER UNIVERSITARIO
Del dicho al hecho

Por Álvaro Abellán
2 min
Opinión20-05-2007
“Un caballero se arrepiente de que sus palabras sean mejores que sus hechos”, nos regala Cervantes en su Quijote. Especialmente durante la campaña electoral parece evidente que en política quedan pocos caballeros. Pero hay algo peor que exagerar con la palabra los propios actos. Los hay cuyas palabras son tan malvadas o falsas o retorcidas como sus hechos. El desconocido candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid ya es conocido. Primero, por sus chanchullos económicos desde Moncloa. Después, por atacar en directo, personal y públicamente a su rival, Alberto Ruiz Gallardón. Supongo que han oído hablar del tema y, si no, mejor para ustedes y para todos. Difundir rumores no probados que pueden destrozar familias es una de las mayores vilezas que puede hacer un político. Seguramente la mayor, después las expropiaciones injustas, de los encarcelamientos injustificados y del terrorismo de Estado. Y mayor, sin duda, que otras lindezas como inventar acusaciones de agresión, intervenir descaradamente en el libre mercado, tratar de poner amigos al frente de las mayores empresas del país, etc., etc., etc. Bien es cierto que nadie en el PSOE se ha desmarcado del ataque de Sebastián, lo que bien se entiende visto el talante que ha instalado Zapatero en el partido socialista. Ya sabemos -aunque ya lo sabíamos- que al tiempo que Zapatero proponía el Pacto por las libertades al PP, que supondría la salida de Batasuna de las instituciones públicas, sus hombres se reunían en secreto con Batasuna y pactaban una ruta política para solucionar el “conflicto” vasco. Entonces las palabras de Zapatero no sólo eran muy superiores a sus hechos, sino que además eran exactamente las contrarias. Buena carta de presentación para unas elecciones como las que este domingo tenemos a la vista. Muchos son los que nos llaman al voto estas semanas y hacen bien: aunque sea en blanco, cada voto es un ejercicio de responsabilidad con nosotros y nuestros vecinos; y cada abstención es una indiferencia de las que acaban con cualquier proyecto en común. Ahora bien, conviene pensar bien el voto: algunos nos hablan de conocer los programas; otros nos piden que atendamos a los valores que cada partido representa; hay quien nos anima a atender más a los hechos pasados que a las palabras actuales; otros, que tengamos ojo con las posteriores alianzas no anunciadas pero más que previsibles (¿Por qué PSOE e IU no se presentan juntos, si todos sabemos que pactarán?); etc. Todos estos criterios son fundamentales, pero yo les animo a tener otro muy en cuenta, sin el cual ninguno de los criterios anteriores puede aplicarse: atiendan a quien se tome en serio el valor de sus palabras.






