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SIN ESPINAS

Rafting existencial

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura2 min
Opinión20-05-2007

¿Cuantas veces nos preguntamos por qué y para qué hacemos las cosas? ¿Y la respuesta nos llena? ¿De verdad? ¿Te atreves a indagar en lo más profundo de ti para encontrar las verdaderas razones? Encuentras muchas ¿verdad? Tu novia, tu novio, tu marido, tu mujer, tus hijos, la familia, tus amigos… la Humanidad. No quiero ser pesado pero insiste, sigue adentrándote, profundiza aunque no dejes de ser sincero, nadie te está escuchando excepto tú. En el fondo de cada pequeño de tus actos y de los más grandes. ¿Quién está? Acaso tú… ¡No…imposible! O sí. En realidad, ¿me busco a mi mismo en todo? No… eso son otros. Ni cuando busco mi felicidad me busco a mí mismo. Y además, no hay nada más legítimo que desearse lo mejor. Lo contrario es ir contra natura. ¿Se puede amar y no ser feliz? ¿Qué pesado es este tío? Vale que ir por la vida a toda velocidad, haciendo y haciendo cosas sin preguntarse nada es un sinsentido, pero qué plasta, qué cursi, qué pedante. Sin embargo, yo lo que no me explico es cómo la gente se enamora de la acción por la acción. La acción en las películas, en los debates, en las discotecas, en el ritmo musical, surfeando en Internet de link en link, saltando al vacío de todas las formas posibles, en definitiva, haciendo rafting existencial. La vida de hoy consiste en eso, en descender por pendientes sinuosas y descomunales a través de los torrentes más veloces. El chiste no son esas circunstancias, es lo que hay. La cuestión es que vamos por ese virulento caudal en balsas neumáticas. Así se puede aguantar un tiempo pero todo el mundo sabe que no mucho, tarde o temprano la fuerza de la corriente acaba con tus fuerzas y te domina hasta golpearte con una roca o llevarte a su merced hasta el precipicio. Por eso este domingo, te invito a que te agarres a la roca que hay siempre en la orilla antes de que los rápidos te lo impidan. Desde allí, puede uno subirse a un risco y contemplar mucho mejor el precioso paisaje que le rodea. Un paisaje que a tanta velocidad quedaba oculto. Desde allí, tratarás de avisar, a voces si es necesario, a tus amigos de la balsa, a los que desde lo alto ves precipitarse entre risas de insensatos hacia la cascada de su horizonte. Por allí, caerán solos, sin nada ni nadie a quien agarrarse y desgraciadamente morirán ahogados en las profundidades de la nada.

Fotografía de Javier de la Rosa