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INMIGRACIÓN

Una cruzada por la supervivencia

Por Cristina Arias Tiempo de lectura2 min
Sociedad26-04-2007

El buen tiempo vuelve a repetir la tragedia masiva de la inmigración y las costas españolas, sobre todo las canarias, sufren de nuevo el drama humano. Cientos de inmigrantes indocumentados llegan en pésimas condiciones y un número desconocido de ellos no logra llegar al final del viaje.

Centenares de africanos -procedentes de Senegal, Guinea Bissau, Gambia, Sierra Leona o Marruecos, entre otros países- se aventuran al mar en botes de madera de hasta 20 metros de eslora y gran capacidad de carga -los ya tan conocidos cayucos- para una dura travesía que al menos durará diez días. Luchan contra la muerte para cumplir un sueño común: escapar del hambre, de la miseria y de las situaciones de desgarro social que existen en sus países de origen. Viajan con la esperanza de conseguir un futuro mejor. No lo hacen porque quieren ni porque buscan una aventura, sino por su propia supervivencia y la de sus familias. Son conscientes de que lo van a pasar mal pero se arriesgan y algunos ni siquiera llegan. Los que llegan están mojados y con hipotermia debido a las bajas temperaturas que soportan, con entumecimientos musculares, de no moverse; con deshidratación y desnutrición, porque apenas han consumido alimentos en su travesía y, sobre todo, con mucho miedo. Una vez en España las autoridades los retienen durante algunos días, tras los cuales o son deportados o algunos se convierten en refugiados (si no hay con sus países convenios de extradición). Muy pocos alcanzan su sueño y consiguen "los papeles". Por eso, la secretaria de Estado de Inmigración y Emigración, Consuelo Rumí, el pasado jueves 26 de abril hacía un llamamiento a los inmigrantes, tanto a los que llegan en los cayucos como a los que son rescatados en alta mar, para que "dejen de malgastar ese dinero, de vender todo lo que tienen para un viaje incierto que va a terminar con una repatriación al lugar de origen, cuando no con la muerte". Muchas organizaciones humanitarias y no gubernamentales como Cruz Roja o intergubernamentales como ACNUR, con la ayuda de Salvamento Marítimo y la Guardia Civil, trabajan para atender las necesidades de los inmigrantes recién llegados (asistencia sanitaria, alimentación básica y abrigo) y prestan su ayuda durante el tiempo que están en España (centros de acogida, inicio del idioma y unificación familiar). Los inmigrantes que llegan a las costas tienen derecho a un trato justo, a unas condiciones de acogida y recate dignas, a la atención humanitaria y a la asistencia sanitaria, al acceso a abogados, intérpretes y traductores y a los servicios sociales, a pedir el asilo y la información pertinente (en una lengua que puedan entender) y además su detención y posterior expulsión debe cumplir la ley y nunca responder a una forma arbitraria. Los niños, los más vulnerables, son los más protegidos por la ley. Se prioriza su regreso al entorno familiar, pero mientras no se consigue se ponen bajo la tutela de la Dirección General del Menor y tienen los mismos derechos que cualquier niño nacional.

Fotografía de Cristina Arias