ANÁLISIS DE ESPAÑA
Presidente ¿que hay de lo mío?

Por Alejandro Requeijo
3 min
España01-04-2007
“Una nueva forma de acercar la política a la gente. El cara a cara definitivo entre los ciudadanos y sus dirigentes. Por primera vez en la historia, un presidente del Gobierno enfrentándose a las preguntas de 100 personas anónimas...” Sólo el anuncio ya recordaba al típico thrailer de película de acción norteamericana. Esas de muchos tiros y explosiones que cuando el espectador paga por sufrirlas, no sabe muy bien si el objetivo era que se gastase el dinero en la entrada o en los cinco perritos calientes que ha necesitado para pasar el trago. El nuevo formato presentado por TVE Tengo una pregunta para usted se vendió como una idea completamente renovadora. Poco más que un antes y un después a la hora de entender la política en televisión. En definitiva, mucho fuego de artificio pero al final más de lo mismo. Tanto los medios de comunicación como los políticos han encontrado con esto una nueva herramienta con la que continuar construyendo la mediocracia. Ese invento de los nuevos tiempos que nada tiene que ver ni con las ideas, ni con los argumentos, ni con la democracia. No hay más que ver el resultado final del programa. Un titular simpático sobre el precio de un café y más de cuarenta preguntas en las que –salvo honrosas excepciones- el mensaje fue siempre el mismo: presidente ¿que hay de lo mío?. Eso después de dos horas de entrevista con el líder del Ejecutivo resulta un balance demasiado pobre. Y es que en los distintos minutos de gloria que gozaron los desafortunados reporteros se pudieron escuchar quejas que iban desde, “mi vecina no puede apuntar a su hija a una guardería”, al “yo no me puedo comprar un piso”, pasando por ese murciano que se quejaba de que, en su ciudad, “los inmigrantes van descalzos por la zona del aeropuerto”. Eso sin contar con el fiera que quería colocar a Rubalcaba en la Zarzuela. La culpa no es de ellos, pues estaban ahí para preguntar por sus preocupaciones. Independientemente de que éstas sean una soberana parida. Pero un dirigente no Gobierna para casos individuales, sino para colectividades. De lo contrario tendría que atender 40.000 millones de quejas. Por eso, ni vale la pregunta (con su irritante minuto de queja personal añadido, insisto) ni vale la respuesta. Por encima de todo, este tipo de programas supone otra patada en el trasero de un Parlamento que desde hace tiempo se ha convertido en otro ring televisivo en el que vender imágenes y espectáculo en lugar de política. Si la elección de los participantes en el show se hizo atendiendo a criterios generales, ¿Dónde quedan las instituciones en las que se supone que están representados esos mismos ciudadanos?. A partir de ahí, Zapatero estuvo correcto en las formas. Se mostró cercano y cálido. Al menos más de lo que nunca estará Rajoy, que al fin y al cabo es la comparación que hará todo el mundo. Pero su discurso no fue más que un mitin que no satisfizo a nadie. Por momentos uno creía estar viendo el Aló presidente del venezolano Hugo Chávez. Se lo pusieron demasiado fácil. El debate no fue en condiciones de igualdad. Desde el momento en el que un ciudadano anónimo se ve abrumado por el escenario, los focos y las cámaras, frente a un presiente que convive diariamente con esa realidad. Por otro lado no hay oportunidad de replica pese a que alguno se saltase la norma. También influye el respeto que infunde tener delante a Zapatero. Distinto hubiese sido si tras las preguntas hubiese estado una legión de hambrientos periodistas. Para empezar, seguro que el presidente se lo hubiese pensado dos veces antes de aceptar la propuesta.
Seguir a @Alex_Requeijo

Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio






