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ROJO SOBRE GRIS

Los días que sostienen el mundo

Fotografía

Por Amalia CasadoTiempo de lectura2 min
Opinión01-04-2007

Un amigo nos contaba hace unos días que un monitor de esquí en el telediario hablaba del problema que para el negocio de la nieve supone que la Semana Santa “la ponga el Papa”, porque la meteorología cambia, ya se sabe: así no hay quien pueda garantizar el beneficio. Por supuesto, la Semana Santa no la fija el Papa, pero sí es verdad que estos días de descanso tienen un sentido en la Historia del mundo frente al cuál la Iglesia nos convoca. Lo más importante, sin embargo, es si eso que celebramos estos días tiene algo que ver con nuestra vida particular, ésa que vivimos, que comenzó un día y que en algún instante terminará. Así, para siempre. ¿O no? ¿Es que acaso tiene algo que ver con mi existencia que un hombre que se decía a sí mismo “Hijo de Dios” fuera crucificado y resucitara hace casi 2000 años? ¿Es que tiene algo que ver con mi vida, y no en abstracto, sino con mi vida aquí y ahora? Nos decía ese amigo también que aquellos días que la Iglesia y sus fieles rememoran durante la Semana Santa sostienen el mundo porque fueron el “plus de amor” para mi salvación eterna y para la de cada uno de los hombres. Y que lo hizo por amor a mi persona, con mi nombre y mis apellidos: con esta pequeña y apenas apreciable vida que es la mía, una vida entre la de tantos muchos parecidos a mí, aunque totalmente distintos. Lo del “plus de amor” es de Benedicto XVI. Lo dijo el Papa durante uno de los ángelus a raíz del pasaje evangélico en que Cristo invita a amar a los enemigos. “En realidad, -dijo el Papa- la propuesta de Cristo es realista, porque tiene en cuenta que en el mundo hay demasiada violencia, demasiada injusticia y, por tanto, sólo se puede superar esta situación contraponiendo un plus de amor, un plus de bondad. Este plus viene de Dios: es su misericordia, que se ha hecho carne en Jesús y es la única que puede desequilibrar el mundo del mal hacia el bien, a partir del pequeño y decisivo mundo que es el corazón del hombre”. Es un misterio. Es un misterio cómo nacemos, cuándo y dónde. Es un misterio la muerte. Y es un misterio que Dios entrara un día en la Historia hecho carne en Cristo para vencer a la muerte por siempre jamás. Suena extraño, suena inverosímil. Suena increíble. Pero puede ser una respuesta: puede ser la respuesta definitiva a la pregunta sobre el sentido que todos nos hacemos alguna vez. Cada Semana Santa, aquello que recordamos vuelve a suceder. Y es una oportunidad para poner Rojo sobre Gris nuestra propia vida: para preguntarnos por su sentido y si la muerte de aquel hombre y su resurrección tienen algo que ver con ella; si, verdaderamente, la sostienen y sostienen el mundo.

Fotografía de Amalia Casado

Amalia Casado

Licenciada en CC. Políticas y Periodismo

Máster en Filosofía y Humanidades

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