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SIN ESPINAS

"Deus facit, Homo fit"

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura2 min
Opinión01-04-2007

"Dios hace, el hombre es hecho". Este es el lema episcopal con el que Monseñor Eugenio Romero Pose quiso identificar su responsabilidad pastoral como obispo auxiliar de Madrid. Este reconocimiento de la paternidad creadora y de nuestra condición de criaturas a medio terminar en esta vida lo extrajo de una de una de las figuras más importantes de la historia de la Iglesia, San Ireneo de Lión. Don Eugenio murió el 25 de marzo tras una larga enfermedad. No lo conocí personalmente, pero de los suaves susurros de “la fama de Dios” resuenan ecos que duraran mucho más que la popularidad fulgurante que ofrece el mundo. Gran teólogo gallego, intelectualmente bebió de las primeras fuentes del cristianismo gracias a sus estudios de Patrística. Los padres de la Iglesia que, con su esfuerzo y dedicación, contribuyeron a la consolidación del canon del nuevo de testamento fueron el soporte fidedigno de una fe vivida y sometida a su profunda investigación. Pero más allá de poderle considerar uno de los teólogos más representativos y notables del panorama teológico español del siglo XX, los que le conocieron dicen de él que vivía con intensidad lo que decía: “que lo único importante es la Salvación”. Aseguran que en D. Eugenio se podía encontrar transparencia, claridad para objetivar las situaciones y sobre todo, un gran Don de consejo en cada situación concreta. Hombre tan sabio como humilde, desde su juventud vivió con el convencimiento existencial de que lo propio de Dios es hacer y lo propio del hombre es dejarse hacer. De su admirado San Ireneo repetía incesantemente conocidas frases como "Dios se hace hombre para que el hombre se haga Dios. La gloria y felicidad de Dios es que el hombre viva. Y la gloria y felicidad del hombre es la visión de Dios". Defensor del cristianismo, aseguraba que la propuesta de Cristo era la más moderna y novedosa de la historia del hombre: “Es nuevo la resurrección al tercer día; es nuevo ascender a los cielos con un cuerpo; es nuevo conceder a los hombres el perdón de los pecados”. Al final de sus días, en los que ni en la habitación de hospital dejó de lado su trabajo pastoral hablaba de la “gracia de la enfermedad”, y se hacían carne en él las palabras dedicadas a sus fieles al principio de su obispado: “quiero sufrir callando, gozar consolando y soportar las fatigas con vosotros”. Así terminaba sus días de servicio a Dios y a los hombres quien en vida asegurara que “se busca, se ama y se sirve a la verdad cuando ésta se une con la caridad”.

Fotografía de Javier de la Rosa