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SIN CONCESIONES

La marca es Otegi

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión01-04-2007

El mismo perro con distinto collar. Este refrán español explica a la perfección los distintos nombres con los que la organización terrorista ETA se ha presentado en la última década a las elecciones. Primero fue Herri Batasuna. Luego, Euskal Herritarrok. Más tarde llegó Batasuna. A continuación, Sozialista Abertzaleak. Lo intentó sin éxito con Aukera Guztiak. Después, con el Partido Comunista de las Tierras Vascas. Y ahora prueba con Abertzalen Sozialista Batasuna. Siete nombres distintos para un mismo perro: ETA. Cada vez que en los últimos diez años ha necesitado una mejora de imagen, la banda terrorista ha cambiado las siglas de su brazo político para poder mantener la estrategia del asesinato y el chantaje independentista. El perro sigue vivo aunque el collar se rompa. HB quebró con el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco. EH perdió toda la credibilidad con la tregua trampa de 1998. La Ley de Partidos ilegalizó de seguido a Batasuna, Sozialista Abertzaleak y Aukera Guztiak. El Partido Comunista de las Tierras Vascas tampoco existiría a estas alturas de no ser por la bondad de Zapatero, que en cuestión de minutos ve indicios para ilegalizar a Abertzalen Sozialista Batasuna pero en dos años dice no haber encontrado rastro de delito en el PCTV. El perro puede cambiar de collar, de nombre o de color de pelo. Pero siempre cosecha el mismo resultado electoral. HB alcanzó 166.000 votos en 1994. EH obtuvo 143.000 en 2001. Y el PCTV logró 150.000 en 2005. Aunque el perro camufle su rabia y esconda el colmillo, los simpatizantes de ETA siempre saben a quién votar. Es fácil. Tan sólo tienen que esperar a que la cara política de los terroristas les indique la papeleta a escoger. Ese rostro se llama Arnaldo Otegi. Dan igual los candidatos, el logotipo o el nombre del partido. No importa. La marca es ETA y Otegi es su imagen. Otegi es el perro que sacan a pasear los terroristas para que ladre sus soflamas independentistas. Otegi fue el doberman que arremetió contra el Gobierno tras el atentado en el aeropuerto de Barajas y el caniche que el 11-M negó la autoría etarra. Sin embargo, las acciones antiterroristas no van contra el perro sino contra sus collares. El Gobierno de Zapatero persigue a la nueva careta batasuna pero, en cambio, tolera que el fiscal deje libre a quien se esconde detrás. No hace falta que Otegi ladre para saber que es el portavoz político de los terroristas. Cada vez que comparece en rueda de prensa o convoca una manifestación o celebra un mitin, hace y deshace en nombre de ETA. Hace años que tendría que estar en la cárcel pues son muchos los delitos que ha cometido. Apología del terrorismo, enaltenación de la banda, injurias al Rey de España, amenazas... Sin embargo, Zapatero, sus ministros y el fiscal general permanecen sordos a los gruñidos de Otegi. Le quitan las pulgas y le moldean la melena pero permiten que el perro corra a sus anchas por la calle a riesgo de que ataque a cualquier transeúnte. Por desgracia, no es noticia que el perro Otegi ladre cada día al Estado. A este paso ni siquiera será noticia cuando le muerda. Lo verdaderamente sorprendente y novedoso llegará cuando el Gobierno muerda a Otegi con la ley y las esposas para meterlo en prisión por mucho tiempo.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito