ANÁLISIS DE ESPAÑA
El chivo expiatorio y el perdón

Por Alejandro Requeijo
3 min
España25-03-2007
¿Cuál es el motor que mueve el mundo?. Igual que otros muchos se lo preguntaron antes con respuestas de lo más diversas, el filósofo francés Rene Girard encontró la réplica a esta cuestión universal apuntando a la necesidad que tenemos los hombres de responsabilizar a alguien de nuestras desgracias. Dicho de otro modo, de buscar un culpable, una figura de chivo expiatorio sobre el que descargar nuestra desgracia y en consecuencia sobre el que proyectar un inmediato y constante deseo de venganza. Da igual si este sentimiento es infundando o no. Una y otra vez la condición humana aplaza su cita con la verdad para dejarse llevar por sus sentimientos más primitivos. A lo largo de su obra, Girard hace un repaso por todas las civilizaciones y religiones de la historia para explicar esta realidad y así argumentar guerras, invasiones, asesinatos, totalitarismos y holocaustos varios. En todas ellas encontró este punto en común, excepto en el cristianismo y su discurso de amor al prójimo, el perdón y la otra mejilla. Pero incluso los hijos de Cristo tienen en el diablo un agente sobre el que depositar buena parte de la responsabilidad del pecado en el mundo. Nadie parece salvarse por tanto de ese complejo de cargar las culpas a otro que, al final, no es más que un intento cobarde y paleto de librarse uno mismo de esa losa. Y a pesar de los miles de años de recorrido, este motor todavía sigue moviendo el mundo. Ejemplos hay miles. Los hay de menor escala como ese chaval que justifica un suspenso alegando que el profesor le tiene manía, y los hay menos inocentes como justificar una guerra con cientos de miles de muertos alegando que el dictador de turno también te tiene ganas. Luego están los que se pasan la vida culpando al enemigo de lo que sea, sin importarles que los trastos que usan para tirarse a la cabeza son pilares fundamentales del Estado de Derecho como la lucha antiterrorista, el modelo territorial, la recuperación de las dos Españas…. Quizá una de las soluciones para poner fina este tipo de actitudes sea, como apuntaba Girard, el perdón. El inconveniente es que para que te lo concedan antes hay que pedirlo. El primer paso es el de asumir los errores cometidos. En los últimos días se han dado dos casos muy sonados. Los protagonizados por dos personajes tan dispares como Jaime Ignacio del Burgo y Arnaldo Otegi. El diputado navarro aseguró que la aparición de Aznar en la foto de las Azores fue un error, mientras que el segundo usó el mismo término a la hora de renunciar a las armas para construir un Estado independiente. Sus palabras vienen a demostrar que hay muchas formar de asumir errores. Esta la vía del sincero arrepentimiento con su propósito de enmienda incluido y luego todas las demás. Errores que se admiten en privado, para quedar bien, por miedo a las represalias, porque te han pillao y no te queda otra e incluso los que se admiten para recibir algo a cambio. A Del Burgo le honra haber sido el primero en decir en alto lo que todos pensaban. Todos excepto el responsable de la acción que camina por la vida como aquel Rey despótico que creía vestir un traje precioso sin que su locura le permitiese ver que en realidad sus propios compañeros le había dejado en pelotas. Pero lo de Otegi no cuela. Para pedir perdón hay que ser valiente. Otegi no lo es ni lo ha sido nunca. Su cobardía es tan infinita como un billete falso. Desde que era poli mili, mataba por la espalda y le llamaban el Gordo. No vale ese perdón a cambió de favores ni porque la Justicia te persiga. Ni vale decir una cosa en privado y en público cambiar la cara por miedo a represalias. Intento fallido el de Otegi, no por insuficiente, que también, sino por falso. Mientras tanto la ciudadanía sigue a la espera de que sus líderes dejen a un lado su política de chivo expiatorio y se decanten por una ola de rectificaciones sinceras. Es decir, esas que se hacen aun sabiendo que te puede tocar poner la otra mejilla. ¿Algún voluntario para empezar?.
Seguir a @Alex_Requeijo

Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio






