SIN ESPINAS
Legítima defensa

Por Javier de la Rosa
2 min
Opinión25-03-2007
Eso es lo que ha argüido Rajoy para justificar su veto a Prisa tras las palabras de Polanco. Esto supone admitir que estamos en guerra, aunque de momento ésta sólo sea política, electoral, mediática, verbal y propagandística. Admite también el presidente del PP que la medida de no asistir a ninguna convocatoria de los medios que controla el grupo de Polanco es una conducta que merecería un reproche de no ser por las causas que la justifican. Esas causas se basan en el ataque continuo que el PSOE y sus medios afines efectúan contra el PP al que se han propuesto arrinconar y llevar al ostracismo con los medios más perversos que están en su mano y que la ley “tolera”. La gravedad de esos ataques exige una respuesta proporcionada, y quién diría que todas las artes del PP en esta legislatura han sido intachables. ¿Quién diría que desde sus medios afines no se ha insultado y manipulado? Una vez me dijo un periodista que la primera víctima de una guerra es la verdad. Por eso ¿cómo acabar con esta espiral? Hay dos opciones: terminar con el enemigo como sea o responder a su provocación con la verdad. En este sentido, las circunstancias adquieren un especial valor como atenuante de las malas acciones. ¿Y quién no se atrevería a argumentar la excepcionalidad de esa situación para justificar su conducta? Probablemente el que esté dispuesto a pasar al ataque utilizando cualquier medio que esté al alcance de su mano. Pero sólo recordemos, “no está permitido hacer el mal para que resulte un bien” (cf. Rom 3, 8). La gente suele entender mal que poner la otra mejilla es no hacer nada. Se trata de una acción que revela al adversario la injusticia de su comportamiento, la verdad de su error; y que como respuesta activa, rompe la cadena del mal que engendra la violencia sea cual fuere su manifestación. Responder con una pregunta puede decirlo todo. “El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su doctrina. Jesús le respondió: «He hablado abiertamente ante todo el mundo; he enseñado siempre en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he hablado nada a ocultas. ¿Por qué me preguntas? Pregunta a los que me han oído lo que les he hablado; ellos saben lo que he dicho». Apenas dijo esto, uno de los guardias que allí estaba, dio una bofetada a Jesús, diciendo: ¿Así contestas al Sumo Sacerdote? Jesús le respondió: «Si he hablado mal, declara lo que está mal; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?» (Jn 18, 19-23)






