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SER UNIVERSITARIO

España merece otro presidente

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura3 min
Opinión04-03-2007

“Dime con quién andas y te diré quién eres”, reza el refranero popular -el del pueblo, no el del PP, aunque esta vez bien podían apuntárselo-. Zapatero, hijo perdido de la democracia: ¿con quién te juntas? ¿por quién velas? ¿quiénes hablan bien de ti? ¿con quiénes dialogas? ¿a quiénes concedes políticamente? Cuando los asesinos hablan bien de un presidente del Gobierno, y hasta sus propios votantes te acusan de ceder al chantaje del terror, algo anda demasiado mal democracia. Lo más grave no es que un asesino que no está arrepentido salga a la calle; lo más grave no es que el Gobierno nos mienta al sostener que es por razones humanitarias; lo más grave es que De Juana es excarcelado por razones políticas y que todos -demócratas, terroristas, españoles y extranjeros- lo sabemos. Conceder al chantaje terrorista -también es terrorismo atentar contra la propia vida cuándo ésta deber ser custodiada por el Estado- es claudicar. Significa aceptar que matar tiene valor político. Significa dar la razón a los terroristas: “Habéis hecho bien matando cientos de personas estos años; ahora que tenéis nuestro reconocimiento, dejad las armas y os recompensaremos”. Como era obvio, decenas de presos se han rebelado estos días en las cárceles pidiendo el mismo trato que el terrorista; un número similar ha empezado una huelga de hambre a la espera de similar trato. ¿El paso siguiente? Que cualquier loco, malnacido o, peor, cualquier persona medianamente inteligente y sin escrúpulos, puede aludir al precedente etarra y pedir “concesiones”, del tipo que sean, mediante el uso de la violencia indiscriminada. “Si asesinar nos convierte en interlocutores preferentes, asesinemos”. Lógico. Este Gobierno parece pedirlo a gritos. Rubalcaba fue muy listo. Habló de razones humanitarias, habló de precedentes y habló del valor de la vida. En primer lugar, a nadie se le escapa que “razón humanitaria” es el eufemismo para ocultar la verdad: “razones políticas”, pues es imposible entender de otro modo la excarcelación de quien huelga de hambre por intereses políticos. En segundo lugar, es verdad que hay precedentes por enfermedad, pero también que no hay ni uno solo por huelga de hambre, por lo que esta decisión, más que sumarse a otras, marca un precedente nuevo. Por último, el alegato al “valor de la vida” suena irónico en quien compra unos valores u otros en el gran mercado de la ética y en función de los intereses de turno. Zapatero, una vez más, demostró que la sangre que le llega al cerebro le da para acordarse de su abuelo, pero no para pensar. A pesar de que habló días después y ante los suyos -o tal vez por eso-, Zapatero tuvo el valor -o el rostro, o la imbecilidad supina- de reivindicar “el valor supremo de la vida”. Si la vida fuera “el valor supremo” para Zapatero, habría apartado toda sospecha sobre sus coqueteos con la posible legalización de la eutanasia. Si la vida fuera “el valor supremo” para Zapatero, no hubiera apostado por flexibilizar la ley del aborto. Si la vida fuera “el valor supremo” para Zapatero, haría lo posible porque los asesinos de 25 personas cumplieran la integridad de sus penas. Si la vida fuera “el valor supremo” para Zapatero, no habría escalado al poder pisoteando los cadáveres del 11-M. La imbecilidad debería ser razón suficiente para incapacitar a alguien como presidente del Gobierno. Si no lo fuera, la mentira sistemática sobre las cuestiones decisivas del Estado debería bastar. La mentira de vendernos que para él “el valor supremo” es la vida. La mentira avalada por su firma en el Pacto Antiterrorista, donde Zapatero se comprometió a que todos los terroristas cumplieran las penas más duras posibles dentro de la legalidad -y no las más blandas-. La mentira cuando nos dijo que no pagaría precio político por la paz. La mentira cuando nos dijo que no cedería ante el chantaje terrorista. La mentira cuando nos dijo que el diálogo por el “proceso de paz” había concluido. Zapatero, interlocutor privilegiado de Otegi, dime con quién andas…

Fotografía de Álvaro Abellán

$red

Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach