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ORIENTE PRÓXIMO

Hamas o la impotencia de gobernar los territorios palestinos

Por Salvador Martínez MásTiempo de lectura3 min
Internacional24-12-2006

El casi permanente cuestionamiento de las capacidades del Gabinete de Ismail Haniya que viene realizando Fatah sumado al boicot internacional y, especialmente, las medidas represivas que Israel ha impuesto al Gobierno de Hamas son las claves para comprender la inacción del Ejecutivo palestino.

El propio Haniya, reprochaba en su alocución televisada de la semana pasada al presidente Mahmud Abbas que “durante los pasados últimos nueve meses” no se haya reunido “una sola vez con el Gobierno”, que no se haya “llevado a un ministro en sus giras” y que, debido a su decisión de anunciar elecciones anticipadas, los palestinos “corren el riesgo de hacer retroceder en la historia diez años”. Desde que Hamas participara en las cuatro rondas en las que se organizaron las elecciones municipales palestinas entre diciembre de 2004 y diciembre de 2005, el movimiento islamista dio cuenta de lo extremadamente pragmática que puede llegar a ser esta formación política. Según explicaba poco antes de las elecciones legislativas palestinas de este año el think tank dedicado al estudio de conflictos internacionales International Crisis Group, el poder en las localidades controladas por Hamas ha sido “tan aburrido como parecido al que ejerció Fatah” durante una década. Dificultades para gobernar Sin embargo, Hamas no ha podido dar cuenta de su capacidad para gobernar la ANP. No ha contado en ningún momento con un apoyo internacional en el plano político, diplomático y financiero similar al que ha podido disfrutar Fatah. Además, si bien las relaciones de Fatah con Israel son difíciles dado que desde septiembre de 2000 se desarrolla la segunda Intifada contra la ocupación israelí, no hay que desdeñar que Tel Aviv, en caso de tener que elegir un partenaire entre nacionalistas laicos de Fatah o islamonacionalistas de Hamas, siempre elegirá al primer grupo político. El Cuarteto por la paz en Oriente Próximo, grupo que conforman EE.UU., Rusia, la ONU y la Unión Europea, condicionaron las ayudas financieras al Gobierno palestino. Israel hizo lo propio negándose a entregar los impuestos palestinos que Israel cobra en los puestos fronterizos y que después debe entregar al Gobierno de la ANP, según establece el Protocolo de París. El Cuarteto e Israel exigen a la formación islamista aceptar los acuerdos firmados previamente entre israelíes y palestinos, abandonar lo que Israel y el Cuarteto llaman “terrorismo” y que Hamas entiende que es “resistencia” además de reconocer el derecho de Israel a existir. Precisamente, esta última condición es la más difícil de cumplir para Hamas. Según el especialista francés en cuestiones palestinas, Jean-François Legrain, “es inútil esperar que Hamas reconozca la legitimidad del derecho de Israel a la existencia” porque Hamas es “una asociación cuya razón de ser reposa en una lectura del Corán según la cual, Palestina es tierra islámica para siempre”. Este principio ideológico explica que Hamas no haya cedido al boicot y que no haya podido formar un Gobierno de unidad nacional como hubiesen deseado tanto los dirigentes islamistas como los de Fatah, partido que sí reconoce el derecho de Israel a existir. El precio político que pagará Hamas por priorizar la ideología en lugar de la praxis política puede ser caro. La falta de medios financieros ha incapacitado al Gobierno de Hamas y esto ha complicado las relaciones con Fatah, cuyos militantes no aceptan la legitimidad de un Gobierno islamista que, además, es incapaz en el plano político. No obstante, Hamas demuestra integridad en sus posiciones políticas y disciplina a la hora de aplicarlas. Esto es algo que no se observa de manera tan evidente en Fatah, dividido entre la “vieja” y la “nueva guardia”. Esta división interna explica la derrota electoral de Fatah en enero pasado y no permite dilucidar si Fatah se impondrá en las nuevas elecciones anunciadas por el presidente palestino hace dos semanas.

Fotografía de Salvador Martínez Más