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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Se llama Uilli

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad05-11-2006

No sé cómo se escribe, pero se pronuncia así, Uilli. Es el nombre de un joven africano que vende La Farola en la puerta de un supermercado en Madrid. Apenas ronda los 20 años. Es alto, agradable y de trato dulce como el color chocolate de su piel. Siempre dice "¡Buenas tardes!" mientras espera que alguien le dé unas monedas. También saluda aunque no haya dinero por medio. A veces me pregunto que porqué no trabaja. Aún no he tenido el valor ni la vergüenza de preguntárselo directamente a él. El ritmo de la ciudad se contagia, y la inhumanidad de las relaciones por desgracia también. Pero no es excusa. Uilli resulta distinto en una ciudad abierta en canal por las escavadoras, llena de humo y contaminación, sembrada de rostros inexpresivos en el metro, empujada por las prisas en las aceras y la desesperación en los atascos. A veces, se me pasa por la cabeza hacer una locura y meterme de patas en La Cibeles o colarme en el ruedo de la Monumental de las Ventas y dar unos lances al aire con un capote imaginario. Obviamente me detendrían. La cruda realidad nos está contaminando la ilusión. Hasta los españoles nos avergonzamos de querer ser quijotes y deseamos ser los más fantasmas de Halloween, tener el niño más malcriado de la clase, ganar un sueldo alto, emborracharnos todos los fines de semana, vestir al último grito y fumarnos un habano ante los morros de la ministra de Sanidad, o en su defecto, comernos un bocadillo de seta alucinógena, que hay gente pa tó, como dijo el maestro. Por eso, ante tanta locura, quizás sólo gente como Uilli tenga derecho a tomar la palabra para hablar de pobreza, de inmigración, de infancia frustrada, de la producción del tabaco o de la del café. Ójala un día no muy lejano queramos interesarnos por esa persona que lucha sola contra todo en medio de una ciudad de escombros. De momento, en la puerta mi supermercado espera cada tarde Uilli.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo