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SIN CONCESIONES

Lo que no fue noticia

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión02-09-2006

Concluyó el mes de agosto y con él las vacaciones. Millones de españoles han vuelto hace días al puesto de trabajo. La clase política no podía ser menos después de casi cinco semanas de silencio. La calma en política suele ser agradecida habitualmente por esa mayoría de ciudadanos hastiados de peleas, controversias, confrontaciones y disquisiciones generalmente absurdas. Sin embargo, esa misma paz se torna altamente peligrosa cuando es intencionada, bien por pereza bien por conveniencia. La primera, comunmente llamada pachorra, trae como consecuencia la desatención de los problemas. La segunda, cercana a la censura, evita que salga a la luz información perjudicable para el interesado. Pues bien, todo esto ha sucedido durante el verano aunque no haya sido noticia. La dejadez de los gobernantes provocó en Galicia que miles de hectáreas de árboles ardieran en apenas dos semanas. Quienes en su día criticaron la catástrofe ecológica del Prestige por tardía en la reacción de las autoridades hoy tienen la culpa del desastre procovado por los incendios. Los daños habrían sido menores si hubieran preparado mejor un plan contra el fuego, si hubieran actuado desde el primer minuto y si hubieran solicitado antes ayuda al Estado. No lo hicieron pero salvaron la cabeza porque el verano silenció su incompetencia. Algo parecido ha ocurrido con el problema de la inmigración. Mientras Zapatero pasaba unas vacaciones de lujo en una isla de Canarias, miles de inmigrantes llegaban moribundos al resto del archipiélago. Aunque observaba el drama desde la playa, siguió de vacaciones como si el presidente del Gobierno fuese un funcionario que tiene prohibido trabajar el mes de agosto. No hizo los deberes durante el curso y ahora se encuentra con un examen muy difícil de aprobar en el mes de septiembre. Por suerte para Zapatero, el resto de los españoles también estaban de vacaciones. A efectos prácticos, la noticia no ha existido. Donde no ha habido novedades es precisamente donde debería haberlas. No es casual la espiral del silencio sobre la negociación entre el Gobierno y la banda terrorista ETA. Están buscando acuerdos que darían la independencia al País Vasco a cambio del fin de la violencia. Los presos que han asesinado a cerca de mil personas podrían quedar en libertad. Mas nada se sabe. Mientras tanto, Batasuna ha recuperado su altavoz político, celebra manifestaciones con la connivencia del Estado y amenaza -como antaño- a aquellos concejales de PP y PSE que luchan por la libertad y una paz verdadera. El Gobierno guarda silencio hasta el punto de ocultar durante dos meses que ETA explosionó en junio un coche en el sur de Francia. Más de 50 días ha tardado en contar la verdad el ministro Rubalcaba, el mismo que tras el 11-M exigía información minuto a minuto y reprochaba al Gobierno su falta de transparencia. También fue noticia en agosto aunque casi nadie se enterara. La calma veraniega ha llegado a su fin para dar paso a un tsunami de actos, declaraciones y promesas. Pero... ¡cuidado! El exceso de información denota en ocasiones un afán desmesurado por tapar inconveniencias. Una mala noticia tapa otra peor para que nadie se entere de lo que nunca debió ser noticia.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito