Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

SER UNIVERSITARIO

Discriminación positiva

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura3 min
Opinión25-06-2006

“El trabajo te hace libre” podría ser el lema del feminismo radical de principios de siglo XX. También podría ser el lema que inspira la nueva “Ley de Igualdad” que Zapatero llevará al Congreso en estos días: para luchar por la igualdad de las mujeres, obliguemos a que los consejos de administración de todas las empresas cuenten con un 40 por ciento de ellas. El problema es que “El trabajo te hace libre” es también el lema del régimen nazi que coronaba el enrejado de la puerta principal del Campo de exterminio de Auschwitz. Medir la dignidad de las personas por su capacidad de trabajo, productividad o salario es una barbaridad. Es lo que ha justificado los mayores exterminios de la historia: el judío a manos de los nazis; el de los bebés por manos de espartanos, romanos y los actuales chinos; el de los no nacidos del siglo XX y XXI; el de las eutanasias y los suicidios por incapacidad laboral, etc. De ahí que la lucha por devolver la dignidad a la mujer ha de afrontar batallas más importantes, como el reconocimiento económico y social de la maternidad como la fuente de espiritualidad y vida de todos los pueblos, por citar sólo un ejemplo. Sí es cierto que en el ámbito laboral, aunque cada vez menos, se cometen algunas injusticias con respecto a la llamada empleabilidad de las mujeres, y que éstas deben ser, en lo posible, corregidas. Pero cuando un Gobierno se decide a legislar debe tener en cuenta dos principios: primero, que toda ley, desgraciada pero necesariamente, deja espacio a situaciones injustas; segunda, que toda ley debe ir encaminada a corregir injusticias y, lo primero para ello, es que ella, al menos en su formulación, sea justa. Pues bien: la ley que pretende aprobar el gabinete de Zapatero no cumple ninguna de esas dos premisas. Primero, porque el socialismo utópico, del que maman Zapatero y De la Vega, siempre ha creído que las leyes bien articuladas, que atan en corto y que definen todas las situaciones -es decir, las leyes que eliminan la libertad del ciudadano-, son capaces de eliminar cualquier injusticia. Segundo, porque obligar al empresario a respetar una cuota ajena a la propia actividad e intereses de la empresa, o discriminar por ley a dos personas sólo por tener diferente sexo, es profundamente injusto. La propia expresión “discriminación positiva” es tremendamente perversa. Ninguna discriminación puede ser positiva. Entre otras cosas, porque discriminar positivamente a unos implica discriminar negativamente a otros. Por hacer llegar a un porcentaje determinado de mujeres a los consejos de Administración este Gobierno está dispuesto a: primero, coartar externamente los criterios del empresario, obligándole a seleccionar personal para puestos de gran responsabilidad por razones distintas a las del buen funcionamiento de su empresa; segundo, discriminar negativamente a los hombres que, en igualdad o superioridad de condiciones con respecto de una mujer, serán descartados; tercero, que las empresas vean reducida la generación de riqueza y beneficios sociales por tener que atender a criterios ajenos a los estrictamente empresariales. Habrá un tiempo en el que el hombre y la mujer se miren a los ojos y se reconozcan iguales en dignidad, pero distintos y complementarios. Auque ese tiempo no llegará mientras las leyes equivoquen el concepto de dignidad, no llegará mientras las leyes traten de regular e igualar cada actividad hasta acabar con la libertad y conciencia del individuo, no llegará mientras las leyes sean marcadamente discriminatorias.

Fotografía de Álvaro Abellán

$red

Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach