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ANÁLISIS DE DEPORTES

Una final de leyenda, un número uno en potencia

Fotografía

Por Roberto J. MadrigalTiempo de lectura2 min
Deportes11-06-2006

El récord de victorias sobre tierra, que sube hasta las 60 consecutivas, era lo de menos. Se trataba de la primera final de Grand Slam entre los dos mejores jugadores del mundo. Y aunque no fue un partido maratoniano, ni mucho menos defraudó por las alternativas que ofrecieron ambos finalistas. Ahora bien, Nadal volvió a dejar patente que tiene un punto más de fortaleza y constancia que Federer: el mallorquín sabe como nadie apretar los dientes cuando se ve dominado y espera su oportunidad para tomar la iniciativa en los puntos. El suizo terminó desesperado, sin la capacidad de leer el partido, sin paciencia para decidir qué recursos de su vastísimo arsenal emplear. Aún le sale la vena de jugador de pista rápida. Porque Nadal, como se ha visto durante toda la temporada, es el único jugador de todo el circuito capaz de convertir en humano a Federer. Y aun así, el suizo cayó en el desempate de la última manga más por sus errores, por querer levantar el partido sin imponer antes su juego –porque no podía–, que no por demostrar que no tenía ambición o por ser un invitado de piedra ante un rival muy superior. Con un grandísimo pundonor, capaz de poner en apuros por momentos a un rival por momentos nervioso. Nadie más que el suizo podía llegar a jugar cuatro finales consecutivas de Grand Slam, y cuando Nadal empezó a pensar en lo que significaba la victoria le entró el vértigo. Y aun así ganó; lo que ha conseguido el manacorí es simplemente impresionante. Ahora sí, tras demostrarlo en una final de Grand Slam, definitivamente Nadal es la alternativa de futuro a Federer. En cuanto el español comience a tener mayor versatilidad en su juego –y ha empezado a dibujar detalles en París–, volverá a encontrarse con Federer con cierta frecuencia. Con un coco y un entorno tan buenos como los que tiene, es imposible dudar de que cada partido –sobre todo los que juegue contra el número uno– será una lección de la que aprenda. Ya se ha podido ver una evolución en Nadal desde la temporada pasada a la actual: mide mejor sus esfuerzos –acabó con una lesión por estrés en uno de sus pies y se perdió más de tres meses de competición–, saca mejor y ya no corre tanto. Nadal empieza a tener una cabeza amueblada como los grandes campeones. El próximo reto son las pistas rápidas: cuando Nadal consiga dominar la hierba y el cemento, y puede, aspirará definitivamente al número uno. Roland Garros, donde por cierto sigue invicto –nadie había ganado sus dos primeros torneos en la mítica pista parisina–, tan sólo demostró que tiene los mimbres.

Fotografía de Roberto J. Madrigal