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ANÁLISIS DE ECONOMÍA

El fantasma de Gescartera

Fotografía

Por Gema DiegoTiempo de lectura2 min
Economía14-05-2006

Antonio Camacho tiene siete vidas. Siempre lo he sabido, y ahora dispongo de una nueva prueba con la que convencer a los incrédulos. Hace ya casi dos años, un 2 de julio –ya en pleno verano, esas fechas en las que los políticos cobardes aprueban leyes impopulares-, el dueño de Gescartera abandonó, con una fianza de 300.000 euros, la prisión de Soto del Real, en la que había vivido los tres años anteriores. Desde ese 2 de julio, confieso que desconocía el paradero de Camacho. No me imaginaba qué podría haber hecho con sus calzoncillos de 30.000 pesetas de las de entonces, hasta que su espíritu se manifestó de nuevo, y esta vez con más fuerza. Porque ahora no se trata de 50 millones de euros robados a los inversores de Gescartera, sino de un desfase patrimonial que, a buen seguro, superará los 3.500 millones de euros y afectará a 350.000 personas que desconocen si, al menos, recuperarán los ahorros de toda su vida. Muchas firmarían tan sólo por eso, aunque ni siquiera les dieran la posibilidad de cobrar los intereses de una inversión que ha durado años. Qué cuidadito hay que tener con el dinero para encontrar un sitio más seguro que el colchón de la propia cama. Y no sólo por las sociedades de dudoso cuño y sospechosos sistemas de captación de clientes que pululan por el mundo, sino también por el desconocimiento personal. Hay muchos que, sin preocuparse siquiera por averiguar la marcha de la inflación o un rudimento básico sobre el mecanismo de funcionamiento de la bolsa, se lanzan a jugar al experto broker con su dinero, engañados por cantos de sirena de altas ganancias y redes quitamiedos. ¿Quién iba a decir que algo tan serio como la filatelia fuera a esconder una cara oculta? Así, Gescartera se reedita, se muestra ante nuestros ojos con una nueva multiplicación, como un azote que nos previene frente a delirios de grandeza. Ya no vale el llorar, las afirmaciones tipo te lo dije de la Agencia Tributaria y los organismos supervisores no sirven de nada. Tan sólo para estar vigilantes en el futuro ante una nueva reencarnación de Antonio Camacho.

Fotografía de Gema Diego