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SIN ESPINAS

Día sin madre

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura3 min
Opinión07-05-2006

"Nueve millones de niños africanos pasarán este domingo sin madre como consecuencia del sida" rezaba el titular. Así fue. Lo que equivaldría en España a que todos los niños menores de 10 años estuvieran sin madre. Otros millones de los que en ese continente aún disfrutaron de este día con su mamá, viven la apremiante situación de tener que ocuparse de ellas. Enfermas y sin los cuidados y el tratamiento adecuados, pronto morirán como consecuencia de esta lacra. El domingo muchos hemos tenido la suerte de pasar el día con nuestras madres. Los que ya no vivimos en casa desde hace tiempo pero nos pasamos muy de vez en cuando por la cocina de nuestras madres a ver qué nos cae, nos damos ahora mucha más cuenta de lo que ellas han hecho y siguen haciendo por nosotros. Es el síndrome de los primeros meses del joven que se independiza. Un sindrome que se convierte en enfermedad crónica. Nunca nadie nos volverá a hacer ese gazpacho, ese cocido o esas lentejas de la misma manera. Ni la ropa estará tan suave y bien planchada como nos la dejaba nuestra madre. Además de que los tiempos han cambiado, vivir a una madre desde fuera del hogar tiene muchos más incovenientes. Pero, como digo, sin duda, la gran ventaja es poder valorar y apreciar ese amor incombustible y sin medida que nos han profesado y que nos siguen entregando, regalando y donando ahora. El amor de una madre tiene sus peculiaridades. Es un amor muchas veces sufriente, preocupado porque esa parte autónoma de su cuerpo, que ella experimentó y sintió crecer y desarrollarse en lo más profundo de sus entrañas, esté a buen recaudo. El amor de madre desarrolla ese sentido único de relación con su hijo que a veces se transforma en un instinto que late permanentemente hasta impedirle diferenciar donde termina su existencia y donde empieza la del hijo. Por eso, ¿cuántas veces les tenemos que advertir a nuestras madres de que nosotros tenemos nuestra vida y que necesitamos de nuestra independencia? Es algo que a ellas les supera, sobre todo porque durante años se han dedicado a tejer unas faldas tan grandes como los tentáculos de un pulpo, para que aunque no lo sepamos, siempre estemos a cubierto y bajo su gran paraguas. Cuando nos hacemos más mayores se las ingenian para saber de nosotros. Se compichan con la novia o el novio, que es quien hace de informante, y así están al tanto de si comemos bien o estamos guardando la dieta. Sé que en esto hay grados pero creo que muchos podrán sentirse identificados. La madre es ese gran ejemplo de Amor, por su gratuidad, por su generosidad, por su capacidad de servicio y por lo desinteresado y perseverante de su entrega. Es un Amor tan necesario y tan determinante para el hombre en todas las fases de su vida que su ausencia puede convertirse, sea cual sea la razón, en uno de los agujeros negros de la existencia de un ser humano. La razón de estos 9 millones de niños es clara. Su madre no está porque los mal nacidos del primer mundo permiten que la pobreza y el hambre multiplique todos los males de este mundo. Todos somos responsables, pero sin duda unos más que otros. Me refiero a dirigentes políticos y magnates de las multinacionales. Porque el hambre y la pobreza no se crean por generación espontánea. Esos que tienen la facultad de evitar tanto mal, porque saben que con el gasto de un solo día de sus guerras acabarían con el hambre en un país africano, deben haber olvidado el amor que recibieron de sus madres; y no deben recordar la estabilidad personal que ese amor le proporcionó para que cuando fueran mayores pudieran ocuparse unicamente de sus negocios. A esos niños sin madre en la tierra, rezamos porque les lleguén los cuidados que ellas ya les dispensan desde el cielo.

Fotografía de Javier de la Rosa