SIN CONCESIONES
La Cibeles está triste

Por Pablo A. Iglesias
2 min
Opinión06-05-2006
Llora, llora la diosa de Madrid. Las lágrimas de tristeza fluyen cada mañana por sus mejillas de mármol. Llora al alba para que los madrileños más madrugadores confundan las perlas de sollozo con gotas de rocío. No le faltan motivos a La Cibeles para manifestar melancolía. En parte llora de soledad porque hace tres años que pasa desapercibida. En parte llora de envidia, como tantos madrileños, porque la fiesta del fútbol se ha trasladado a Las Ramblas de Barcelona. Llora en parte porque el Barça es campeón y el Real Madrid, pese a su leyenda, hace muchos meses que no le da una alegría. Llora también porque la sequía ha rebajado su esplendor y el único agua que corre a su alrededor es el que contienen sus lágrimas de tristeza. La confusión es otra causa de los lloriqueos de La Cibeles. No es que está confundida, no. A sus 224 años está segura de sí misma, sabe quién es y lo que representa. En todo ese tiempo ha sido testigo de algunos de los momentos más esplendorosos de España y, al mismo tiempo, de los episodios más tristes y más negros. La diosa que protege Madrid es paciente, como el mejor de los escultores, y sabe, fruto de la experiencia, que los buenos momentos siempre suceden a los malos. No es confusión de sí misma, sino de los españoles. La Cibeles llora porque quienes tanto la adoran parecen haber olvidado quiénes son y de dónde vienen. Sólo se preocupan de correr como caballos desbocados hacia allí donde quieren llegar sin tener la certeza de haber elegido el camino correcto para alcanzar el destino deseado. El último capítulo en la historia de la diosa escoltada por sendos leones lo ha protagonizado una bandera, y no precisamente con el escudo del Real Madrid. El futbolista Raúl González es el único autorizado por el Ayuntamiento, en circunstancias excepcionales, para trepar a los brazos de La Cibeles y colocar una bufanda del equipo merengue sobre sus hombros como símbolo de triunfo. Sin embargo, alguien saltó los mecanismos de protección durante la manifestación del Día del Trabajador y ascendió hasta lo más alto de la fuente para dejar una bandera republicana. La Cibeles es monárquica desde que nació, en los tiempos gloriosos de Carlos III, luego no es de extrañar que ahora esté apenada e incluso llore al amanecer. No es escarcha ni rocío, son lágrimas de lamento porque la convivencia en armonía entre españoles ha durado apenas 30 años. Llora porque la fuente está seca, por su soledad, por el Real Madrid; pero sobre todo llora porque este episodio político ya lo vivió en el pasado y en ninguno de los casos acabó felizmente. Llora La Cibeles de pena y a mí me entristece tanto que a veces me entran ganas de llorar junto a ella por la poca memoria histórica que tenemos.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






