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SER UNIVERSITARIO

Retorno al indigenismo (I de II)

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura3 min
Opinión06-02-2006

El triunfo de Evo Morales es más que la victoria del jersey sobre la corbata. Cierto es que aquella imagen es todo un símbolo. No obstante, más simbólico resultó el rito de adoración a los dioses indígenas con el que inició su mandato. Por eso, aquel chiste fácil para un análisis miope de la actualidad debe dejar paso a reflexiones de mayor hondura, relacionadas con el auge del indigenismo en Hispanoamérica, no muy lejano a los nacionalismos que sufrimos en España. El problema de fondo no tiene que ver con izquierdas o derechas, ricos o pobres, burgueses o proletarios. Todo eso son cortinas de humo que tienden los de siempre: los que quieren dominar el mundo controlando, primero, al pueblo. Para dominar al pueblo hay que dividirlo, y como la división por ideologías empieza a hastiar a los militantes más fanáticos, especialmente en Hispanoamérica, hay que encontrar nuevos recursos para la fractura social. Al otro lado del charco han rescatado el indigenismo, como en Oriente abusan del Islam y en España del RH, el hecho diferencial o las raíces pre-cristianas -nos las veremos pronto con el estatuto gallego-. El retorno a lo indígena tiene algo de hermoso: es el volver del hombre a sus raíces, a aquello que le agarra a la tierra, le alimenta el cuerpo y los sentidos, le confiere fuerza y poderío capaz de afirmarse a sí mismo y de sostener todo aquello que aún le resta por edificar. Todo hombre es hijo de su país -paisaje-, de su patria -padre-, de su tierra -madre-, de sus costumbres y tradiciones -historia-. Y allí debe buscar su origen. Esto es verdadero y hermoso. Pero su belleza es también su peligro, porque el hombre está llamado a ser más que raíces; el hombre, es también tronco, ramas y admirables hojas que persiguen con su rostro la luz del sol. El hombre es su origen; pero es también su destino. Nacemos con los pies en la tierra; pero somos los únicos capaces de contemplar las estrellas. El problema del indigenismo y del nacionalismo no es tanto lo que afirman como lo que niegan al convertir en absolutas sus afirmaciones. Todos estos movimientos de “retorno al origen”, que hunden sus raíces en los primitivismos e irracionalismos de principios del siglo XX -e incluso en cierto “naturalismo” de la Ilustración-, no son peligrosos por recordarnos que somos de carne y hueso, sino porque niegan que seamos también espíritu. Hacen bien en pedirnos que miremos atrás; pero muy mal en que dejemos de mirar hacia delante. Aciertan al recordarnos que tenemos sentimientos e instintos valiosos; pero se equivocan gravemente al sostener que sentimientos e instintos deben primar sobre la razón. Al afirmar con vehemencia una parte valiosa de nosotros nos enardecen, exaltan y llenan de vida. Pero, al negar la otra que, además, es la que tenemos en común todos los hombres (con independencia de raza, territorio, época, bienes y demás circunstancias), consiguen dividirnos. Esa división es la planificada por los poderosos que pretenden servirse hoy de los indígenas (entre ellos el pobre Morales), como ayer se sirvieron de los militantes de izquierdas y de derechas. ¿Por qué es substancialmente grave, especialmente para el indígena, este “retorno al indigenismo”? Trataré de explicarlo en LaSemana próxima.

Fotografía de Álvaro Abellán

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Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach