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EL REDCUADRO

Viva la Pepa de 1978

Fotografía

Por Antonio BurgosTiempo de lectura3 min
Opinión05-02-2006

Si Rajoy fuese a pedir un referéndum sobre las mantecadas, lo más lógico es que empezara a recoger firmas en Astorga. Pero como es sobre la nación española y la igualdad de derechos de sus ciudadanos, ha empezado en la Cuna de la Libertad, donde se meció entre olas la primera Constitución. Cádiz, Constitución, Viva la Pepa. Ojú. Mucho cuidado, que los nuevos servilones pueden encerrar otra vez tras las rejas del castillo de la Caleta a los liberales de 1812 o 2006, da lo mismo. Mal lo tiene la nieta de La Pepa con su tocayo José Luis Rodríguez, que escrito así parece El Puma. (¡Ya está, Carlos Herrera! Por eso este hombre no quiere que le llamemos lo que es, Rodríguez: para que no lo confundamos con El Puma, el cantante venezolano. En cuestión de abrazos de hermanos con sabor venezolano aquí no hay más Puma que Chávez). Hay que ser un auténtico virtuoso de las complicaciones y de la creación de problemas innecesarios para que lo que estaba tan claro en 1812 (que España es una nación de ciudadanos libres e iguales que ostentan la soberanía) sea ahora una disputada cuestión que hay que defender con las democráticas armas de las firmas. Bajo un cielo que huele a erizos de febrero, que espera la lluvia, la lluvia de papelillos y serpentinas, coincidiendo con el arranque del concurso del Carnaval en el teatro, Rajoy se fue a la Plaza de las Flores. Deliciosa Plaza de las Flores, donde las rosas frescas del día te van guiando por el Cádiz de la Constitución. Plaza que también lleva el nombre de Almirante Topete. El que en la bahía de 1868, ante un horizonte de velas soberanas, lanzó un grito que hoy sería políticamente incorrecto. Vamos, una a-Mena-za: «¡Viva España con honra!» se oyó gritar ayer nuevamente junto a los blancos muros de esta ciudad. ¡Qué antigüedad! Como en Cádiz quedan tan buenas tiendas de anticuarios y de duros antiguos, ¿no iría a eso Rajoy, y no a por atún encebollado y a recoger firmas? ¿No iría a Cádiz por antigüedades, buscando la verdad de la Constitución como quien quiere un estrado isabelino y la igualdad de los ciudadanos de la nación española como quien busca un cuadro costumbrista del XIX con azotea gaditana, macetas, tendederos, mocita cosiendo y cura? Porque todo eso de la Constitución, la nación, la igualdad de los ciudadanos, y nada digo de España, y nada digo de la honra, son antigüedades a los ojos del sunami progre que se está tragando España como el maremoto de 1755. Rajoy recogió firmas en la Plaza de las Flores. «En la plaza de las Flores/vimos a un equilibrista/que atravesaba el alambre/con un pañuelo en la vista», cantaba una antigua chirigota. Ha vuelto a sonar su copla. En la plaza de las Flores vimos ayer a un equilibrista que, además sin red, atravesaba el alambre, el finísimo alambre de la legalidad constitucional al que los socios separatistas del Gobierno le quieren meter el cortafrío del chantaje. Firma a firma, todos podemos ser carpinteros de ribera que hagamos del fino alambre lo que siempre fue: calabrote de patache de la nave del Estado. Mejor sitio no podía haber elegido Rajoy para esta revolución constitucional por el plan antiguo. Quintaesencia de España, donde residió la nación soberana cuando estaba más perdida que el barco del arroz, Covadonga contra Napoleón, lo que no sabe Rajoy, gallego en su freidor de firmas, es que el viento y la mar también estamparon ayer su nombre en la Plaza de las Flores. El viento antiguo de goletas firmó; «Viva España con honra». Y la mar de bergantines, desde el castillo de Santa Catalina donde los servilones encerraban a los liberales, le respondió, como un óle: «¡Viva la Pepa!» A ver si oyen el «Viva España con honra» del «Viva la Pepa de 1978» estos vivalavirgen que sólo quieren permanecer en el poder aunque la nación soberana, como el equilibrista de la chirigota antigua, se pegue el pellejazo del siglo.

Fotografía de Antonio Burgos

Antonio Burgos

Columnista del diario ABC

Andaluz, sevillano y del Betis

** Este artículo está publicado en el periódico ABC y posteriormente recogido de AntonioBurgos.com por gentileza del autor