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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

La sentencia del calendario

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad08-01-2006

Ya hemos tachado un puñado de días en el calendario del nuevo 2006. Los días se consumen como ese cigarrillo furtivo antes de entrar en el portal del trabajo. ¡Con el frío que hace! Una vez más, por desgracia, la incongruencia está en la calle. Si uno acude a un bar a tomar café, en la gran mayoría de los casos tendrá que respirar humo. "Se permite fumar", dicen los letreros en las cafeterías. La Ley Antitabaco se ha propuesto tocarnos las narices en este año recién estrenado, cuando aún nos pesa la resaca de las Navidades. Algunos, cual vicio de fumador empedernido, cambia el pitillo por las rebajas. O no los cambia, los combina. Como el pitillo en el portal, hay quienes sienten la necesidad de comprarse algo, aunque cueste un riñón. Mira que yo lo escribí en la carta, con letras grandes y todo, pues nada. A sus majestades de Oriente se les ha olvidado este año un regalo muy importante: cordura. Con una pizca esta sociedad iría mejor, desde lo más alto hasta lo más bajo, incluidos políticos y curritos de a pie. A alguno de esos curritos, quién sabe, los Magos le habrán traido un corazón nuevo, quizás aparecido en uno de los muchos accidentes mortales que han tenido lugar en las carreteras españolas durante las fiestas. El reloj, que es así de caprichoso: a unos les brinda más tiempo y a otros les roba el último granito de arena que había de caer lentamente. Todo llega, pero no siempre es para bien. Aquel regalo tan esperado en la noche de Reyes está ya casi destrozado. Otros, por el contrario, son los que destrozan. Aún no se han dado cuenta sus majestades de que muchos de sus obsequios no son los más adecuados. Para el próximo año habrá que pedirles más de lo mismo: cordura. Mientras enero consume sus primeros días, los españoles ya hemos visto cómo algunos se creen que los demás son juguetes para ellos. El calendario dictará sentencia también para ellos. El tiempo pone a todos en su sitio. Y, si no, ya habrá Alguien que cure las heridas de la sinrazón del hombre.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo