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SER UNIVERSITARIO

Misión de la universidad

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura2 min
Opinión18-12-2005

Diversos equipos de debates pertenecientes a un puñado de universidades españolas debatieron el viernes pasado en torno a la pregunta: “¿Cumple hoy su misión la universidad?” Las reflexiones y experiencias allí encarnadas darían para cientos de apasionantes y amistosas conversaciones… Pero hubo un aspecto, muy concreto, que merece una contundente y rigurosa reflexión: la gran mayoría de los presentes, y especialmente los profesores, estaban convencidos de que “la universidad hoy NO cumple su misión”. Aquello me dejó perplejo. Primero, porque prueba evidente de que existe la universidad y de que existen universitarios fue aquella misma jornada: unos 75 alumnos y 2º profesores de diversas edades, carreras, universidades y ciudades reunidos para buscar respuestas a una importante pregunta mediante un reglado debate sin chabacanería, sin interrupciones y sin demagogias. ¿No es eso la universidad? ¿Y no es esa su principal misión? “Pero dejémonos de casos aislados y vayamos a la realidad de los datos”, decían los sociólogos, como si las estadísticas muertas sobre el papel fueran más reales que las personas que allí encarnábamos el espíritu universitario. “¿Sabe cuántas personas de mi clase están hoy aquí debatiendo? Yo, sólo yo”. Claro, habría que contestarle, pero miremos a la edad dorada de la universidad: dígame a cuántos compañeros de clase de Tomás de Aquino podría citarme. A ninguno, ¿verdad? Quiere eso decir que la universidad, ni aun en el siglo de su esplendor, cumplió su misión? “Cualquiera tiempo pasado fue mejor”, dicen los viejos prematuros tan incapaces de enamorarse de su época como capaces son de reinventar el pasado obviando sus sombras. Pero resulta que no, que el tiempo pasado no fue mejor. Resulta que al maestro de los “amigos del saber”, Sócrates, sus conciudadanos atenienses le condenaron a muerte. Resulta que las universidades medievales estaban llenas de personas sin recursos económicos que se metían a curas “porque es lo que toca” para salir adelante. Resulta que la universidad napoleónica olvidó la contemplación de la verdad atraída por los cantos de las sirenas Dinero y Dominio. Nunca existió la “universidad ideal” con la que sueñan estos pobres tan enamorados de su pensamiento como desencantados de la realidad. Nunca existió, ni existirá, una mayoría de universitarios. Son las minorías las que rigen el mundo y es la vocación universitaria una llamada muy especial, de “uno entre mil”. Es normal que los campus universitarios estén cuajados de “masas”. Pero una mirada inteligente y profunda sabe ver más allá. Sabe que además de esas ruidosas masas existen comunidades minoritarias comprometidas con su mundo que influirán en un futuro próximo. “Señores, entre ustedes, aquí sentados, habrá varios que rijan la sociedad del mañana”, dijo una alumna en una de las reflexiones más valiosas que la jornada. Una alumna que cumple su misión universitaria mejor que muchos de sus desengañados profesores.

Fotografía de Álvaro Abellán

$red

Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach