Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

SIN CONCESIONES

Espíritu navideño

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura2 min
Opinión18-12-2005

La Navidad es el momento de mayor alegría e ilusión para los niños. El colorido de los adornos y la luz de las bombillas llenan de calor sus corazones. Los más pequeños sueñan ansiosos este momento del año con el deseo de que los Reyes Magos de Oriente colmen sus anhelos y esperanzas. Al contrario, la Navidad suele ser un periodo de tristeza y melancolía para muchos mayores. Con el paso de los años, pierden la magia navideña de la Epifanía y caen en el constante recuerdo de cualquier pasado que consideran mejor y más feliz que el presente actual. A todas esas personas va dedicado este mensaje de paz: a los que perdieron una madre en este 2005, a los que sintieron resquebrajarse su matrimonio, a los que vieron morir a un hermano, a los que dijeron adiós a un hijo, a los que quedaron sin empleo, a los que se creen fracasados y a los que, simplemente, perdieron la ilusión. Vivir siempre merece la pena, aún cuando nos quedamos solos. Es un don de Dios demasiado hermoso para ser desperdiciado. En los peores instantes, hay millones de motivos para aprovechar cada segundo de vida. Una luna llena, una puesta de sol, el romper de las olas en la playa, un valle nublado, la risa de un niño, los ojos de una mujer, la sonrisa de un abuelo... También hay vida más allá de la muerte. Cuando un ser querido nos deja, debemos honrar su recuerdo e importar sus virtudes. Hay que aparcar el egoismo para alegrarnos de su marcha a otro mundo mejor. Hay que expulsar los miedos materiales para asumir que nosotros también llegaremos allí. Hay que poner fin a toda clase de vergüenzas y complejos para apostar por una fe en la que el alma y el espíritu primordiales. Hasta que llegue ese reencuentro, hay una cita permanente con quienes nos rodean, quienes día a día nos cuidan y quienes nos quieren en este mundo terrenal. El espíritu navideño consiste en esto y mucho más. No es Navidad porque se acerque final de año, sino porque Dios nació hace más de dos milenios encarnado en un niño. Es Navidad en conmemoración a aquella natividad. Es Navidad para que cada uno de nosotros abra un hueco en su corazón a aquel niño Jesús. Es Navidad y los Reyes Magos traen regalos a los niños porque dentro de cada niño y de cada ser humano hay una esencia de Dios. Buscando en esa herencia divina, también podemos compartir la Navidad con quienes se fueron de imprevisto y quienes llegaron al final de de sus días. Nuestros seres queridos ausentes permanecen siempre en nuestros corazones para que les recordemos y honremos en cada uno de nuestros actos. Por ellos, como Jesús proclamó en vida y nuestros padres nos enseñaron, tenemos la misión de hacer que estas y todas las navidades sean las más felices para quienes nos rodean.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito