Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

ANÁLISIS DE ECONOMÍA

Adiós a la remolacha

Fotografía

Por Gema DiegoTiempo de lectura2 min
Economía27-11-2005

Hoy voy a hablar de mí, en concreto, de mi padre. Sé que no debería, porque esto es un análisis, y este tipo de textos requiere objetividad y distanciamiento. Pero creo que, si hablo de mí, podré dar un ejemplo muy gráfico sobre la práctica futura desaparición de la remolacha azucarera. En muchas zonas de Castilla y León –también en Salamanca, de donde procede mi padre-, el cultivo de la remolacha posee décadas de antigüedad; tanto, que se le conocía como el cultivo rey porque era el que más dinero dejaba en la zona. Mi padre trabajaba en ese sector y, de hecho, se ganó el apodo de Remolacho por su dedicación. Ya está jubilado, pero le duelen las malas noticias de Bruselas. Se veía venir, porque era el tema que removía a las mentes en medio de los dos últimos calurosos veranos. En 2004, Franz Fischler ya propuso la reforma, y el sector se puso en pie de guerra. En junio de este año, el fantasma volvió a aparecer. Finalmente, ha tenido que llegar el frío para que el acuerdo –no tan malo como la propuesta inicial pero, desde luego, igualmente perjudicial para los remolacheros- se materializara. Los agricultores dicen que la ministra Espinosa les ha vendido, queman neumáticos en el centro de Valladolid y anuncian movilizaciones. Sin embargo, las organizaciones no terminan de unirse para solventar sus problemas comunes, y esto, añadido a la liberalización y a la progresiva desaparición de la PAC, les hace pasar por más aprietos de los que la política y el devenir del mundo les reserva. Yo no sé si será demasiado tarde para darle la vuelta a la OCM del azúcar, pero quizás aún se esté a tiempo de evitar la muerte de la agricultura en el caso de otros productos. Únanse y despolitícense. Porque mi padre no está triste sólo por que la remolacha vaya a desaparecer, sino también porque las organizaciones agrarias continúan a la gresca mientras les siegan la hierba que les crece por debajo de los pies.

Fotografía de Gema Diego